Una bomba que data de la Segunda Guerra Mundial fue hallada y desactivada en el lugar donde se construye la nueva sede de la OTAN cerca del aeropuerto de Bruselas, dijo la Policía belga y los portavoces de la alianza.
El artefacto explosivo es el segundo en su tipo descubierto en menos de un mes en el lugar. Los nazis primero y los aliados después bombardearon diversas ocasiones el campo aéreo del lugar durante el conflicto.
La construcción del nuevo edificio de la OTAN comenzó en octubre y concluirá en 2015, conforme al proyecto. La nueva sede de la OTAN se ubicará cruzando la calle frente a sus actuales oficinas centrales.
Un consorcio estadounidense-belga diseñó el proyecto de lo que serán la sede moderna de la OTAN: Ocho alas que convergen en un edificio principal enorme recubierto de vidrio.
Las autoridades dijeron que las alas simbolizan la unión de los aliados, mientras que los muros de vidrio representan la transparencia de la OTAN.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Encuentran y desactivan bomba de la Segunda Guerra Mundial en Bélgica
Las cartas de la judía que se rió de los nazis
A un nazi se le podía llamar demonio, pero no simplemente "mamarracho". Porque un nazi que eliminó a cientos, miles de personas, no podía ser una persona cualquiera, un afable padre de familia, un buen vecino. Por eso, cuando a la filósofa Hannah Arendt (1906-1975) se le ocurrió escribir que Adolf Eichamnn, teniente coronel de las SS y responsable del exterminio de judíos en masa, era un tipo tan anodino como el tendero de la esquina, movimientos sionistas lanzaron un furibundo ataque sobre ella con argumentos que oscilaban entre lo falso y lo disparatado.
"Hay personas que se han tomado a mal algo que, hasta cierto punto, puedo comprender: mi capacidad para seguir riendo. Pero realmente pienso que el tal Eichmann era un mamarracho y lo digo después de haber leído las 3.600 páginas de su interrogatorio policial. ¡No sé cuántas veces tuve que reírme! ¡A carcajadas!", decía Arendt en 1964, dos años después de que el nazi fuera condenado a la horca. La filósofa alemana, que cubrió el juicio a Eichmann en Jerusalén para The New Yorker, testimonió la persecución a la que fue sometida en una serie de cartas a su maestro Karl Jaspers, que ahora se editan en español por primera vez en Lo que quiero es comprender (Trotta).
El libro relata cómo vivió Arendt en primera persona la enorme polémica que se desen-cadenó con la publicación de su libro sobre Eichmann y cuya magnitud ella no esperaba en absoluto. "Arendt estaba convencida de que la inmensa mayoría de los reproches eran un montaje sin base real en las tesis del libro", explica Agustín Serrano de Haro, encargado de completar la obra con una pormenorizada bibliografía.
Un país lleno de ciegos
El libro contiene la intrahistoria de un juicio que tuvo mucho de función teatral y donde Arendt decía lo que nadie parecía (o quería) ver. Eichmann había sido secuestrado en Argentina por el Mosad y trasladado a Jerusalén para someterlo a un proceso que resarciera la sed de justicia de las víctimas. "El país se ha llenado de alemanes de una obsequiosidad desagradable, todo lo encuentran soberbio. Es vomitivo, si me permite la expresión. Uno ya se me echó al cuello llorando. He olvidado cómo se llama", le escribe a Jaspers dos días después del inicio del proceso.
Tras su regreso a EEUU, las presiones sobre Arendt se redoblaron. Según cuenta, el Gobierno israelí envió ex profeso desde Jerusalén al pedagogo Ernst Simon para que hablara contra ella de universidad en universidad. "La semana pasada hizo lo propio en Chicago, con mentiras increíbles y una gran agresividad. El rabino de aquí no estaba nada contento, pero negarse le hubiera costado el puesto de trabajo", explica la autora.
La campaña judía contra Arendt llegó hasta The New York Times, donde "escogen los recensores de mi libro entre aquellos a los que yo he atacado y se presentan como expertos a literatos que jamás se han ocupado de temas judíos", lamenta en una misiva de octubre de 1963. Sólo en las universidades encontró un altavoz, "donde me reciben con ovaciones", le dijo a Jaspers en 1964.
jueves, 2 de diciembre de 2010
El amor y el desamor en la Alemania nazi contados por una sevillana de 14 años

La vida de una adolescente de las juventudes hitlerianas que en la Alemania de 1935 se enamora de un chico de ascendencia judía es la trama de la novela 'Cuando los hombres creyeron ser dioses' (Educando), escrita por la sevillana Irene Serrano en unos pocos meses antes de cumplir 15 años.
El responsable de la editorial, Guillermo Cánovas, descubrió a Serrano a trevés de la red social Tuenti -"algo bueno tiene que tener", ha dicho hoy durante la presentación del libro-, después de que la joven enviara un relato sobre la naturaleza a un concurso literario.
Los responsables de Educando propusieron entonces a la adolescente la publicación de una novela, la primera que abre una colección de obras escritas por jóvenes menores de 18 años.
Después de que le sugirieran varios temas posibles para su libro, Serrano eligió escribir una historia ambientada en la Alemania de 1935, una época "muy chocante", ha manifestado Serrano, quien estuvo cerca de un mes documentándose antes de empezar su novela.
Serrano ha indicado que se documentó principalmente a través de internet, "que es donde se encuentra todo", y ha expresado su asombro al descubrir aspectos de la sociedad nazi como el trato que se daba a las mujeres.
"A las chicas que no llevaban el pelo recogido las rapaban", ha señalado la joven, que tardó cerca de una semana en empezar a escribir la novela porque sentía "pavor" delante de la página en blanco.
'Cuando los hombres creyeron ser dioses' cuenta la historia de Amara, cuya vida transcurre sometida a la estricta educación nazi hasta que se enamora de un muchacho algo mayor que ella, de ascendencia judía.
Tras experimentar un "conflicto interno" entre sus sentimientos por el chico y las imposiciones de la sociedad decide seguir adelante con su relación y abandonar las juventudes hitlerianas, lo que le acarrea el rechazo de las personas que conforman su entorno.
A pesar de haber tomado esta decisión, su novio acaba dejándola por otra chica judía, lo que provocará que la muchacha se debata entre el perdón y sus deseos de venganza.
"A pesar de que sea un libro de amor hay muchos chicos a los que le ha gustado", ha advertido la autora, quien ha considerado "increíble" tener en la estantería un libro con su nombre.