miércoles, 9 de marzo de 2011

Hobgoblin: Magos contra nazis... en HBO

La cadena HBO siempre se ha caracterizado por arriesgar a la hora de elegir proyectos, algo que casi siempre le ha salido bien. Hobgoblin, más que un proyecto arriesgado me parece extraño. Aunque actualmente la serie se encuentra en fase de preparación os podemos adelantar algunos datos sobre la misma. La historia se centrará en un grupo de magos y timadores profesionales que lucharán contra Hitler y los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Los diversos personajes usarán sus habilidades para intentar vencer a los alemanes.

Los creadores de esta insólita serie son Michael Chabon y su mujer, Ayelet Waidman. Este es el primer guión que la pareja, ambos escritores, realiza conjuntamente. Michael Chabon ha escrito obras como Kavalier and Clay, Wonder Boys, que tiene versión cinematográfica, o The Misteries of Pittsbourgh. Ayelet Waidman es la autora de Love and Other Imposible Pursuits, novela que en breve se convertirá en una película titulada The Other Woman. Chabon ganó un Pulitzer y fue uno de los guionistas de Spiderman 2 pero esta es su primera experiencia televisiva. Además de escribir el guión junto a su pareja, ejercerá de productor ejecutivo de la serie. El proyecto también cuenta con John Lesher y Adam Kassan como productores ejecutivos.

Otra serie con tintes sobrenaturales en su trama. Vaya que sorpresa. Todos confiamos en la HBO y en sus proyectos pero empieza a resultar un tanto alarmante el número de dramas con elementos sobrenaturales. No creo que haya sitio para todos. Este puede resultar muy, muy interesante. Tendremos nazis, guerra, ilusionismo, magia y calidad, porque si hablamos de la HBO hablamos de calidad. Y confío plenamente en el trabajo de los creadores, he leído alguno de los libros de Chabon y son muy buenos.

Como curiosidad, el término hobgoblin, se usa en los cuentos populares para referirse a los duendes. Constituyen la etnia feérica más variada en Inglaterra, muchos de los investigadores entre los siglos XVII y XVIII utilizaron el término hobgoblin como sinónimo de fairy, que en inglés involucra a todas las razas de “gente pequeña”. Me parece curioso que hayan usado esta palabra para el título, a pesar de tener relación con el mundo de la magia no parece muy adecuada para la historia.

El argumento de la serie resulta bastante raro pero a veces la realidad supera a la ficción. Jasper Maskelyne, fue un ilusionista británico, cuyo sobrenombre era War Magician (El mago de la guerra). Participó en la Segunda Guerra Mundial y ayudó activamente al ejército ingés en África usando sus habilidades. Creó ilusiones, ayudó a mejorar los camuflajes e incluso parece que movió Alejandría. Aquí lo explican mucho mejor. Me pregunto si el matrimonio de escritores conocían la figura de Maskelyne, quien debió de ser todo un personaje.

martes, 8 de marzo de 2011

Le Pen dice que las cámaras de gas "fueron un detalle" en la historia de la Segunda Guerra Mundial

El líder ultraderechista francés Jean-Marie Le Pen, condenado por la justicia por haber dicho que las cámaras de gas nazi eran "un detalle en la historia" de la II Guerra Mundial, reincide en una entrevista publicada hoy.

El presidente del Frente Nacional sostiene en la revista mensual regional Bretons que "es evidente que las cámaras de gas eran un detalle" en la historia del conflicto.

El entrevistador matiza que el problema no es que murieran 50 millones de personas sino "cómo fueron matados" y le recuerda las deportaciones a los campos de exterminio, a lo que Le Pen replica que no se siente "obligado a adherirse a esa visión".

Tras la difusión de sus comentarios, Le Pen ha asegurado en un comunicado que había prohibido "expresamente" a la revista que publicara la entrevista, por carta certificada hace dos semanas.

Multa de 10.000 euros

En febrero, el líder del Frente Nacional fue condenado a tres meses de prisión exentos de cumplimiento y 10.000 euros de multa por haber dicho en una entrevista en 2005 que la ocupación nazi de Francia "no fue particularmente inhumana".

El Tribunal Correccional de París lo declaró culpable de un delito de complicidad con la apología de crímenes de guerra y negación de un crimen contra la humanidad.

Ahora, la Fiscalía de París ha anunciado que piensa analizar estas nuevas declaraciones de Le Pen para decidir si lo persigue judicialmente, mientras que asociaciones de derechos humanos han adelantado que van a demandarle y la oposición de izquierdas ha reclamado que sea llevado ante los tribunales

No es digno de la Eurocámara

El secretario general de la delegación del PSOE en el Parlamento Europeo Javier Moreno ha asegurado que Le Pen "no es digno de sentarse" en la Eurocámara. En su opinión, Le Pen ha demostrado "una vez más que no está capacitado para representar a la ciudadanía europea".

Moreno ha añadido en un comunicado que es "inadmisible" que alguien que ocupa un escaño europeo defienda crímenes contra la humanidad y que "un señor con este perfil no es digno de sentarse en un hemiciclo donde compartimos los valores en los que se sustenta la Unión Europea".

Historia de un libro infame

El historiador Olaf Simons descubrió con inquietud que la actitud de su abuela no había sido una excepción. En 1945, muchos hogares alemanes prefirieron esconder ese libro antes que destruirlo. Cuando las tropas aliadas entraron en el pueblo, ella «envolvió su ejemplar con papel aceitado» y lo enterró en el jardín. «¿Por qué no haberlo quemado simplemente en la chimenea? “Me dije que quizá fuera un objeto de valor”, respondió a su nieto». Dos años después, esa misma anciana lo desentierra, cambia el papel que lo protege y lo vuelve a guardar. El peso de la conciencia por el horror del genocidio judío, o el de la culpabilidad por el desencadenamiento de la contienda que se abrió en1939, no resultaba suficientemente fuerte para que esa mujer renegara de él y lo rompiera, a pesar de que las ciudades de su país estaban reducidas a cenizas. En la posguerra, además, tenerlo en casa, o reconocer que se había leído, implicaba de manera directa que se conocían las intenciones genocidas del Tercer Reich. Sin embargo, la mayoría de la población prefirió olvidarlo en un rincón del sótano o el desván antes que entregarlo a las llamas.

Un ideario político
Es imposible deslindar el «Mein Kampf», uno de los libros más detestables que jamás se han escrito, de la memoria colectiva europea. Adolf Hitler expuso en sus páginas la doctrina y las ideas del nacionalsocialismo que después ejecutaría sin pudor ni dudas. El volumen, aunque cueste creerlo, fue un «best seller». Ese cabo sin ejército, ese pintor frustrado, el vagabundo resentido por la guerra que había perdido, escribió en 1923, en la cárcel-fortaleza de Landsberg, uno de los panfletos políticos más indignantes de la historia. El escritor Antoine Vitkine, en «Mein Kampf. Historia de un libro» (Anagrama) revela, sin embargo, que fue «uno de los libros políticos más comprados de todos los tiempos. Antes del ascenso de su autor al poder, en 1933, lo adquieren centenares de miles de personas». Asegura que «su difusión alcanza la colosal cifra de doce millones de ejemplares. Calificado de “biblia nazi”, ofrecido a todas las parejas que se casan, enseñado a los niños, promovido por medio de campañas publicitarias innovadoras, es impreso incluso en alfabeto braille».

Pero hay más. En los años treinta es traducido a más de veinte lenguas y se convierte en un «best seller» en el mundo entero. La historia de su éxito se prolonga más allá de la derrota nazi. «A partir de 1945 se vende en el extranjero por millones. Según la revista norteamericana “cabinet”, se habían vendido 20.000 ejemplares anuales en versión inglesa». En Francia sigue difundiéndose ahora y en ciertos países está entre los más vendidos: «En Turquía se agotaron 80.000 ejemplares en un año; en India es objeto de un entusiasmo sin precedentes; en Rusia, Indonesia, Egipto o Líbano su éxito es indiscutible». En 1999, el diario «The guardian» descubre que el libro figura entre las tres obras que más compraban los alemanes en «Amazon.com» (después de la denuncia, este sitio dejó de enviar el libro a direcciones alemanas). Pero tampoco es difícil conseguirlo. «En la librería alemana de Ibiza, centro de vacaciones muy apreciado por los alemanes, se venden todos los veranos un número considerable de ejemplares de “Mein Kampf” en versión original». Hitler, que creía en «los protocolos de los sabios de Sión», convirtió sus postulados en una fuente de ingresos. A finales de 1932 había vendido 230.000 ejemplares. En enero de 1933, otros 13.000. «El Führer ya es un hombre rico. Apenas necesita un sueldo, pues recibe el 10 por ciento del precio de venta y, a partir de 1933, el 15 por ciento». Según la documentación, «“Mein Kampf” habría reportado al Führer 15 millones de Reichsmarks, o sea, decenas de millones de euros actuales».

Una cuenta en Suiza
Un informe desclasificado de la CIA afirmaba que el editor del libro había abierto una cuenta para Hitler «en un banco de Ginebra, el UBS, y que millones de marcos dormían allí tras la finalización de la guerra...». Por eso, el filósofo y filólogo Victor Klemperer aporta una lúcida reflexión que recoge Vitkine: «Cómo fue posible difundir este libro en la opinión pública y cómo, pese a ello, fue posible el reinado de Hitler, puesto que la biblia del nacionalsocialismo ya estaba en circulación varios años antes de la toma de poder: éste será siempre para mí el mayor misterio del Tercer Reich». Vitkine repasa la recepción de este libro en Francia, Inglaterra y Estados Unidos en los años siguientes a que saliera a la venta. Sobre todo se centra en la disputa, por derechos de autor, que el sello que publica a Hitler en Alemania mantiene con un editor francés de tendencias políticas fascistas. El dictador alemán ganaría la demanda en contra del francés: «En materia de propiedad literaria, los alemanes tienen en Francia los mismos derechos que los nacionales». Una ironía de la Justicia de un país que enseguida sería invadido por ese mismo demandante y con el ideario contenido en ese volumen. «Una derrota en nombre de las normas ordinarias de la civilización y a causa de ellas. Una derrota jurídica que anuncia las derrotas políticas y militares futuras. Al presentar su demanda ante el tribunal, Hitler muestra una vez más hasta qué punto sabe volver contra sí mismas las armas de las democracias. Lo mismo ocurre con la naturaleza particular, única, de la empresa hitleriana: un mal resultado de la propia democracia». Este capítulo es importante porque desvela cómo el «Mein Kampf» se recibió en Francia, nación que en esos años jamás dispuso, lamentablemente, de una traducción fidedigna para que se cerciorara de la amenaza que suponía ese líder político. La mayoría subestimó el libro, otros, aferrados a las promesas de paz de Hitler, lo despreciaron; y, la extrema derecha, se aferró a su mensaje antisemita, pasando por alto las advertencias que incluía contra Francia.

Una pregunta queda suspendida: ¿Los lectores de este libro habían podido percibir el extermino de los judíos? No hacía falta leerlo. Vitkine recoge el discurso que Hitler pronunció el 30 de enero de 1939 y en el que advierte de lo que supondría una guerra en el viejo continente: «La aniquilación de la raza judía en Europa». Los socialista alemanes ya conocían este plan, y, en 1940, la prensa alemana anuncia que «el distrito de Dantzig-Prusia Oriental es el primero en no tener judíos en su territorio». En el «Mein kampf» abundan los pasajes que se refieren a esta locura de su autor. Pero «la reacción será la indiferencia».


El detalle: ECO EN EL MUNDO ÁRABE

El «Mein Kampf» tiene aún hoy eco en el mundo islámico, según Antoine Vitkine. El libro de Hitler, aburrido y repetitivo, que tuvieron que corregir y depurar varios colegas suyos, contiene frases aborrecibles, como esta: «El judío sigue su camino, ese camino que lo conduce a penetrar disimuladamente en los pueblos y vaciarlos de su sustancia; y combate con sus armas, que son la mentira y la calumnia, el envenenamiento y la descomposición, que acentúan la lucha hasta el exterminio cruento del adversario detestado». El conflicto con Israel es el motivo del éxito del libro en los países musulmanes. En 2005 se vendieron 80.000 ejemplares en Turquía. Para el autor, «El “Mein Kampf” se nutre tanto del antisemitismo como de los magmas ideológicos que se crean en el terreno de las tensiones políticas y la incultura». Vitkine incluye el testimonio de un egipcio que intenta explicar este hecho: «Permite saber cómo piensan los sionistas. Eso no tiene nada de malo». El veneno de Hitler parece que todavía está activo.