lunes, 9 de mayo de 2011

Rusia celebrará por todo lo alto el niversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial

Rusia se prepara para celebrar mañana por todo lo alto el 66 aniversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial con la tradicional parada militar en la plaza Roja como acto central de los festejos conmemorativos.

Cerca de 20.000 efectivos y poco más de un centenar de unidades de armamento pesado, incluidos blindados y misiles, desfilarán por el adoquinado de la emblemática plaza ante el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, otras autoridades del país y veteranos de la guerra en la que murieron más de 27 millones de soviéticos.

Los veteranos de la Gran Guerra Patria (período de la Segunda Guerra Mundial comprendido entre el 22 de junio de 1941, cuando las tropas alemanas invadieron la URSS y la capitulación de Alemania) invitados a la parada serán transportados a las tribunas en seis coches eléctricos.

El número de veteranos de esa guerra se reduce drásticamente con cada año que pasa: sólo en Moscú en los últimos doce meses murieron 21.000 participantes en la conflagración mundial, según datos oficiales.

La parada, que transcurrirá bajo los compases de marchas interpretadas por 1.500 músicos militares, será cerrada por el vuelo sobre la plaza Roja de 5 helicópteros Mi-8, que llevarán colgadas las banderas de la Federación Rusa y de todas las ramas de sus fuerzas armadas.

Según declaró el comandante del Kremlin, Yevgueni Selezniov, este año el desfile militar tendrá una duración de 63 minutos, seis menos que el año pasado, y los efectivos lucirán nuevos uniformes.

La transmisión en directo por televisión de la parada será vista, según los sondeos, por el 80 por ciento de los rusos, 8 puntos porcentuales más que el año pasado.

Los sociólogos de Levada Center destacaron que los rusos ven positivamente el restablecimiento de la tradición de presentar armamento pesado en la parada militar con motivo del Día de la Victoria.

Pese a los pronósticos meteorológicos adversos, el ayuntamiento de Moscú ha prometido que la lluvia no empañará el desfile y que la capital rusa tendrá cielos despejados durante toda la jornada.

Las autoridades de la capital rusa destinaron 50 millones de rublos, cerca de 2 millones de dólares, para combatir el mal tiempo con la ayuda de una decena de aviones que dispersarán las nubes en las proximidades de Moscú.

La Policía ha redoblado las medidas de seguridad en toda la ciudad y durante la jornada de mañana más de 20.000 agentes velarán por el orden público.

Otros 3.000 policías serán movilizados para las labores de seguridad vinculadas directamente con la parada militar.

Además, serán reforzadas las medidas de vigilancia en lugares de gran afluencia de público, como las estaciones ferroviarias y el metro de Moscú, que desde ayer emite por sus sistemas de altavoces canciones de los tiempos de la guerra.

Los parques de la ciudad serán patrullados por efectivos de la policía montada y se instalarán arcos detectores de metales en los accesos a los recintos donde se celebrarán distintos actos conmemorativos.

Como es habitual en estas fechas, los canales de televisión ofrecen una amplia programación dedicada a la efeméride.

Los festejos, igual que todos los años, concluirán con 30 rondas de fuegos artificiales, que iluminarán a partir de las 22.00 hora local (18.00 GMT) los cielos moscovitas Los fuegos artificiales serán disparados desde 13 puntos de la ciudad, elegidos de manera tal que los moscovitas puedan disfrutar del espectáculo independientemente del lugar de la capital donde se encuentren.

domingo, 8 de mayo de 2011

Una galería berlinesa desvela raras imágenes aéreas de la ciudad devastada por la guerra

En 1945 el fotógrafo alemán Hein Gorny (1904-1967) colaboró con su colega estadounidense Adolph C. Byers (1913-1974), que residía en Berlín, en un rocambolesco y, para la época, impensable proyecto de documentar la destrucción de la capital alemana con imágenes artísticas aéreas. En tres viajes sobrevolaron la ciudad lacerada. Quisieron publicar un libro de las imágenes, pero el proyecto fracasó por la dificultad de encontrar un editor en la Alemania de la posguerra y las dramáticas condiciones de salud de Gorny. Hoy estas imágenes trágicas y espectaculares vuelven a vivir gracias a la obra de rescate de la galería berlinesa Regard, que expone a partir de hoy las impresiones originales y edita el libro que ambos fotógrafos no llegaron a publicar.

El coleccionista Marc Barbey, francés que reside en Berlín, ha explicado esta mañana que entró en contacto con la obra del fotógrafo alemán por primera vez hace tres años y empezó a interesarse por este exponente del "nuevo objetivismo alemán" en fotografía. En el curso de un trabajo de investigación, "me enteré de que en 1972, la exposición inaugural de una de las primeras galerías fotográficas de Europa -la alemana Spectrum- fue dedicada enteramente a este artista", asegura. "Empecé a excavar y me encontré con un catálogo asociado con este autor, lleno de imágenes de Berlín devastada", añade. El coleccionista viajó a la ciudad de Lüneburg, "una simple mirada me convenció para adquirir esta colección", dice, "fue la única forma de evitar que las imágenes se siguiesen vendiendo separadamente".

A esta primera adquisición pertenecen 18 impresiones originales en pequeño formato que documentan con una mirada aérea la devastación de la ciudad, desde la Puerta de Brandenburgo, al Reichstag (el Parlamento) y la Gedächtnis Kirche (la iglesia en recuerdo del emperador Guillermo), pasando por ese terreno desangelado que solo pocos años antes había sido el corazón pulsante de una de las metrópolis más modernas del mundo, la Potsdamer Platz. "A través de un análisis logramos reconstruir que las fotos fueron realizadas en tres viajes distintos", explica Antonio Panetta, comisario de la exposición, "Gorny logró hacerse acompañar por Byers, un fotógrafo estadounidense que había estado trabajando en Berlín para el ejercito, cuyo contacto posiblemente facilitó los viajes aéreos".

Captadas por los militares

"Existen imágenes aéreas de la destrucción de Berlín, pero en ningún caso tienen valor ni intención artística. Se trata por lo demás de imágenes tomadas por los militares", asegura Panetta, "por coherencia, y por su intención, es este un trabajo único". Según Panetta, fueron muchos los fotógrafos que documentaron la destrucción de Berlín, pero nadie en aquella época logró una publicación completa. "Debido a la guerra, fue imposible para casi todos ellos encontrar un editor para las fotos". En el caso de Gorny, la situación fue aún más difícil, porque "sabemos que ya desde la mitad de los años cuarenta estuvo gravemente enfermo, y pasó los últimos diez de su vida en condiciones dramáticas".

La galería Regard, un espacio acogedor situado en la pequeña Steinstrasse, en el barrio de Mitte, logró tras la primera adquisición, recopilar 74 impresiones originales del fotógrafo alemán. Casi todas documentan la destrucción de Berlín, no solo desde el cielo, sino también desde la calle. "Estas imágenes, con su insólito uso de las sombras, testimonian un nueva mirada, después del schock de la Segunda Guerra Mundial". Fue el último proyecto del artista alemán.

"Hoy estas imágenes tienen un valor histórico enorme. Berlín ha resucitado de las ruinas. Si se miran las fotos, hay que reconocer que fue un logro que se acerca al milagro. No sólo Berlín se ha restaurado, sino que también se ha convertido en uno de los lugares más interesantes de Europa y del mundo", aseguró Barbey. La exposición está acompañada por la publicación del catálogo Hommage à Berlin, que cumple, 65 años más tarde, con el proyecto original de los dos fotografos. La exposición y la publicación se concibieron como "un tributo a lo que Berlín representa hoy".

martes, 3 de mayo de 2011

Encuentro en Punta Umbría con el hombre que nunca existió

Fue uno de los engaños más elaborados de la historia. La argucia fue tal que el ejercito nazi picó el anzuelo como un inocente pececillo. Todo comenzó tras aparecer en la costa de Punta Umbría (Huelva) el cadáver de un supuesto oficial de la Marina británica cargado de documentos reveladores, que hicieron pensar a los alemanes que uno de los grandes desembarcos aliados se haría por Grecia (finalmente lo fue por Sicilia). Una exposición en esta localidad recuerda ahora aquella operación clave en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.

El supuesto oficial recibió el nombre de William Martin y el ejercito británico le creó una vida totalmente artificial pero con plena apariencia de verosilimitud. El cuerpo (que en realidad era un mendigo galés) fue encontrado en la playa de El Portil el 30 de abril de 1943 por un pescador, quien dio aviso a las autoridades.

En aquella época, los espías nazis campaban a sus anchas por puntos estratégicos de la costa andaluza, por lo que no resultó difícil que se tragaran el cebo. Los alemanes creyeron que el mayor William Martin había sufrido un accidente de avión y dieron por buenos los documentos que portaba. La ‘Operación Mincemeat’ (carne picada) había tenido éxito.

Ahora, la sala de exposiciones José Caballero de Punta Umbría acoge la muestra 'William Martin, el hombre que nunca existió', con documentos y fotografías inéditos que ahondan en esta figura que cambió el rumbo de la historia desde este rincón costero gracias al archivo particular de José Morales.

Los restos de 'El rápido'

Junto a la documentación de la ‘Operación Mincemeat’, Morales incluye en la sala lo que queda de ‘El Rápido’, la canoa que llevó el cuerpo de William Martin desde el muelle puntaumbrieño hasta Huelva para que las autoridades franquistas se hicieran cargo de él.

El marinero Antonio Rei María fue el que descubrió el cuerpo de William Martin. La exposición pretende también reivindicar la figura de este hombre clave. De hecho, en la inauguración estuvieron su hermana Florencia y a la hija de la que fuera su novia, Obdulia Serrano.

La documentación procede, en su mayoría, del archivo de José Morales, con el apoyo de otros colaboradores. La muestra tiene un apartado dedicado a ‘El hombre que sí existió’, ya que en 1995 pudo conocerse la identidad real del cadáver que apareció en Punta Umbría: un mendigo galés de nombre Glyndwr Michael.

Otros de los documentos destacados que pueden verse ahora en la sala José Caballero son unas ficticias cartas de amor entre William Martin y su novia (escritas por los servicios secretos británicos para dar verosimilitud a la vida del supuesto oficial), así como facturas sin pagar.