martes, 16 de mayo de 2017

Un héroe alavés de la Segunda Guerra Mundial



Felipe Maeztu, alavés de Labraza (nació el 13 de septiembre de 1905), fue un guerrero. Durante el siglo XX hubo muchos como él que combatieron en las guerras que desolaron el mundo durante esos cien años hasta límites insoportables. Pero llama la atención que hizo su carrera militar en Francia dentro de la Legión Extranjera y que no combatió en la Guerra Civil española, como millones de compatriotas. Estaba muy ocupado en los conflictos coloniales franceses. La Asociación Sancho de Beurko Elkartea lo ha incluido en su lista de vascos que lucharon en la Segunda Guerra Mundial dentro de su página de facebook.

Se alistó en la Legión Extranjera por causas que desconocemos en 1927. Contaba apenas 22 años. Sirvió un año en Argelia y otros diez en Marruecos en las filas del Primer y Cuarto Regimiento de Extranjeros de Infantería. Tras incorporarse a la legendaria 13ª Semibrigada de la Legión Extranjera combatió en Narvik (Noruega) entre las fuerzas aliadas que querían echar a los alemanes que habían invadido el país en busca de sus minas de hierro. Finalmente, fueron los aliados los derrotados y junto a polacos, noruegos y británicos Maeztu, que ya era sargento, fue evacuado al Reino Unido.

Posteriormente es ascendido a 'adjudant' cuando se incorpora a la Francia Libre que lidera el general De Gaulle. Combate en Gabón y Dakar, cruza África para luchar en Keren y Massaoua, dos de las acciones más sangrientas de la ocupación de Eritrea. Posteriormente es enviado a Siria donde es cambiado de unidad y dirige como subteniente un pelotón mixto de transmisiones. Se incorporó a la Primera Brigada Francesa Libre al mando del general Koenig.



Publican un libro con fotografías inéditas en color de la Segunda Guerra Mundial



El Imperial War Museum, un museo militar británico que posee varios edificios en Inglaterra, ha presentado un nuevo libro titulado "The Second World War in Colour", que incluye fotografías en color de la Segunda Guerra Mundial, algunas totalmente inéditas, según ha anunciado dicho museo. La fotografía en color fue un bien escaso durante la Segunda Guerra Mundial y por eso la mayor parte de la gente se ha acostumbrado a imaginar el conflicto en blanco y negro. El Ministerio de Información británico controló el material que recibía la prensa, incluidas las fotografías en color que habían sido obtenidas para tener un registro del conflicto. Entre 1942 y 1945 se tomaron unas 3.000 fotografías y, las que se conservaron, en 1949 pasaron a formar parte de los archivos del Museo Imperial de Guerra.

"Las imágenes incluidas en este libro muestran los tonos vívidos de las llamas y de las telas, el azul intenso de los cielos, los rostros bronceados por el sol y la miríada de colores del camuflaje militar. La fotografía en blanco y negro pone una barrera entre el sujeto y el observador, mientras que la fotografía en color restaura esa falta de claridad e impacto. La guerra más destructiva de la historia desaparece gradualmente de la memoria viva y por eso resulta importante evitar ese alejamiento y dar vida a la Segunda Guerra Mundial", expresa Ian Carter, autor del libro y conservador principal del Museo Imperial de la Guerra. Las increíbles fotografías que contiene el libro permiten concebir la Segunda Guerra Mundial con gran detalle, tal y como la vieron sus protagonistas.



jueves, 9 de marzo de 2017

"Kriegsmarine. La flota de Hitler" - Ed. Esfera de lo Libros

Hace apenas diez días la editorial Esfera de los Libros ha publicado "Kriegsmarine", del periodista y escritor Santiago Mata. Un ensayo histórico sobre el rol fundamental que desempeñó la marina alemana en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial en Europa.




Este libro muestra con extraordinario rigor, y en clave de síntesis, la historia de una de las armadas más temibles y respetadas de la historia reciente. Con sus modernos buques, laKriegsmarine causó terribles pérdidas a la red logística de los Aliados en las aguas del Atlántico y el Mediterráneo que a punto estuvieron de inclinar la balanza del conflicto a su favor.

Desde que se hundió el 27 de mayo de 1941, el acorazado Bismarck se convirtió en el buque de guerra más famoso de la historia, y no parece que ningún otro vaya a disputarle ese puesto en un futuro próximo. Poco importa que en el combate que iba a decidir su suerte no derribara ni uno solo de los anticuados aviones que le atacaron. Ni que en su agonía final ninguno de sus proyectiles impactara en un barco enemigo. Tampoco que su principal logro, el hundimiento del crucero británico Hood, tuviera lugar en un combate comenzado por iniciativa del contrario, a cuyos disparos el buque insignia de la flota alemana no habría respondido de haber seguido las órdenes de evitar enfrentarse a buques enemigos incluso en situaciones ventajosas.