martes, 28 de junio de 2011

Los alemanes sabían lo que ocurría en los campos de concentración y exterminio

Cualquier alemán que vivió durante el Tercer Reich podía saber y posiblemente sabía lo que estaba pasando en los campos de concentración nazis. El diario personal que un funcionario alemán, Friedrich Kellner, escribió entre 1939 y 1945 demuestra que el ciudadano medio alemán conocía los crímenes nazis, era consciente de estar viviendo en un "Estado del terror", y callaba.

Durante los juicios de desnazificación y en toda una escuela de literatura y cinematografía de la segunda mitad del siglo XX se ha ido imponiendo la imagen de un pueblo alemán que apenas era capaz de entrever lo que estaba haciendo Hitler y que no era consciente del material que componían las cenizas esparcidas desde las chimeneas de los hornos crematorios.

El hallazgo y publicación del diario de este funcionario judicial que trabajaba en Laubach, Hesse, ofrece sin embargo una respuesta diferente a la pregunta que historiadores y filósofos alemanes siguen haciéndose hoy en día: ¿qué podía saber el individuo anónimo y en qué medida, por tanto, puede ser considerado responsable? Y la respuesta es quizá no conocían a fondo los detalles técnicos, pero sí comprendían las líneas directrices de la política nazi, sus objetivos y los medios que utilizaban.
Apuntes de una guerra

Kellner refiere conversaciones mantenidas al azar y cita fuentes de acceso público como periódicos y programas de radio y en menos de un año de gobierno nazi ya había llegado a una conclusión certera. "Está claro, se trata del exterminio de los judíos y los polacos", escribe horrorizado. Especialmente irónicos son sus comentarios sobre las noticias y partes de guerra en los que descubre con enorme facilidad el material de propaganda del régimen, cuya escasa coherencia planteaba dudas a cualquier análisis medianamente crítico.

El 1 de septiembre de 1940 anota: "Si debemos creer lo que leemos todos los días en los periódicos, nuestros aviadores van de paseo. El enemigo impacta solamente en cielo abierto, además de en cementerios y hospitales. Y cuando muere un piloto, nos dicen que ha sido a causa de un ataque aéreo pirata inglés. Y repiten que la intención de nuestros vuelos no es la de llevar a cabo ataques aéreos. Si no queremos ataques aéreos, ¿para qué estamos en guerra?", se pregunta.

Kellner desarrolla tretas para burlar lo que califica como "una propaganda cada día más agresiva". Ante la falta de información sobre bajas alemanas en la guerra, cuenta en octubre de 1941 las esquelas del periódico 'Hamburger Fremdenblatt', 281, y calcula multiplicando esta cifra por los 250 diarios que publican esquelas en Alemania, una media de 30.000 muertos al mes, anotando que "la cifra debe ser aún más alta, porque muchos soldados rasos no reciben el honor de una esquela".
Una visión distinta

Las 900 páginas de anotaciones de Kellner difieren de otras publicadas anteriormente como las del Darl Dürkefälder o Victor Klemperer, en que el autor no era un intelectual ni disfrutaba de una situación económica desahogada.

Nació en 1885 en Vaihingen an der Enz, cerca de Stuttgart. Su padre trabajaba como panadero, su madre como empleada doméstica. En 1903 comenzó su formación como oficial jurídico en Maguncia y después de haber cumplido con el servicio militar obligatorio encontró empleo en la corte de Maguncia. Allí trabajó hasta 1932 y ascendió al puesto de inspector judicial provisional. Su padre había simpatizado con el socialismo y Kellner constata en las notas su estupefacción por el hecho de que la República de Weimar hubiera derivado en el nazismo con tan terribles consecuencias.

El diario ha permanecido en poder de la familia y acaba de ser publicado en dos volúmenes bajo el título 'Cuando está nublado, todos los cerebros oscurecen' por la editorial Wallenstein, de Göttingen.

domingo, 26 de junio de 2011

La hija de Himmler, tan nazi como su padre


El programa se llama “Ayuda Tranquila”. Bajo este inocente reclamo podría esconderse un gabinete de ayuda psicológica o una asociación al rescate de personas en apuros. En cierto modo es ambas cosas, pero para beneficiarse de él hace falta una condición imprescindible: ser nazi y parecerlo.

Detrás de “Ayuda tranquila” (Stille Hilfe) se encuentra Gudrun Burwitz, una anciana de apariencia apacible y pelo blanco que vive en Múnich y que ha consagrado su vida a salvaguardar la memoria de su padre, el jefe de las SS nazis Heinrich Himmler. Quizás por ello un historiador la bautizó como “la princesa del nazismo”.

66 años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, Burwitz no sólo no ha renegado del legado del ministro del Interior de Hitler y responsable de la Gestapo, sino que dirige una red para asistir en materia legal y financiera a ex integrantes del régimen nazi.

En su declaración de intenciones, el grupo, creado en 1951 por antiguos oficiales de las SS y abogados, se compromete a facilitar “ayuda discreta” a todos aquellos nazis que “han perdido su libertad” y “necesitan ayuda”, según explica el diario británico "The Daily Mail" .

Ahora está en manos de la hija de Himmler y, por lo que parece, el toque personal de esta anciana se nota. Los genes del arquitecto del Holocausto han radicalizado el grupo, que funciona también como una asociación en la sombra que “no sólo ayuda a antiguos miembros del Partido Nacionalsocialista, sino que recauda dinero para los movimientos neonazis”, explica Andrea Roepke, un experto en este tipo de actividades.

Nazis en Holanda y Dinamarca
La hija de Himmler trabaja ahora en impedir la extradición de Alemania del holandés Klaas Carel Faber, de 89 años de edad, un ex miembro de las SS en los Países Bajos, culpable por el asesinato a sangre fría de varios judíos indefensos.

Su segunda prioridad es un ex oficial de la SS en Dinamarca, Søren Kamm, que a los 90 años es buscado por las autoridades danesas por crímenes de guerra, que incluyen la ejecución de un director de periódico en Copenhague, Carl Henrik Clemmensen.

Gudrun Burwitz vive en un chalé en Furstenried, un barrio a las afueras de Múnich, con su marido Wolf-Dieter, pero no está dispuesta a dar cuentas a nadie. “Nunca hablo de trabajo. Simplemente hago lo que puedo cuando puedo”, respondió a los reporteros del Mail.

viernes, 24 de junio de 2011

Identificado el autor de las fotografías inéditas de Hitler

Franz Krieger. Así se llama el fotoperiodista autor de las instantáneas inéditas sobre la Segunda Guerra Mundial publicadas este pasado martes por diversos medios y de las que se desconocía la autoría. Gracias a una lectora, que respondió a los llamamientos lanzados por Der Spiegel y The New York Times, se deshizo el misterio.

"En el verano de 1941 Krieger se fue a Minsk, en calidad de miembro del Reichsautozug alemán (una formación política del régimen nazi). Allí fotografió a los prisioneros de guerra rusos y pudo visitar el gueto judío, retratando a sus vecinos. En su camino de vuelta a Berlín, Krieger coincidió en Mariemburgo (la actual Malbork, en Polonia) con el encuentro oficial entre Hitler y el mariscal y líder de Hungría Miklos Horty. De ahí que sacara fotos también del dictador alemán", relataba Harriet Scharnberg, historiadora de Hamburgo (Alemania), al The New York Times.

Según explica el diario estadounidense, Scharnberg se tropezó con las imágenes de Krieger mientras preparaba una conferencia para la Universidad Martin Luther King de Halle-Wittenberg (Alemania) sobre cómo la propaganda nazi retrataba a los judíos.

Al avanzar en sus investigaciones, la historiadora descubrió el libro The Salzburg Press Photographer Franz Krieger (1914-1933): Photojournalism in the Shadow of Nazi Propaganda and War, publicado en 2008 por Peter F. Kramml.

The New York Times se ha puesto en contacto con el doctor Kramml, que ha podido ofrecer más detalles sobre la biografía de Krieger. Tras licenciarse en economía en la Universidad de Viena, el austriaco fue el fotógrafo del festival de Salzburgo entre 1935 y 1937. El Anschluss (la anexión de Austria por parte de Alemania) hizo que Krieger empezara a colaborar con el Reichsgau de Salzburgo, una suerte de oficina administrativa del régimen nazi en la ciudad austriaca.

El fotógrafo acabó afiliándose al partido nazi y a las SS, aunque abandonaría la policía especial del régimen en 1941. En el mismo año Krieger se hizo miembro de la unidad de propaganda de la Wehrmacth, las fuerzas armadas alemanas.

En agosto de 1941 el fotógrafo viajó a Bielorrusia, donde, según explica el doctor Kramml, "realizó las fotos del cementerio de los soldados y del gueto de Minsk". Tras este viaje, Krieger volvió a Austria, abandonó la unidad de propaganda y se convirtió en un "soldado simple", como escribe Kramml al diario estadounidense.