jueves 2 de julio de 2009

Evacuadas 6.000 personas por la explosión controlada de una bomba de la II Guerra Mundial

Un equipo de artificieros explosionó esta madrugada en la ciudad alemana de Hannover una bomba aérea de la Segunda Guerra Mundial de varios centenares de kilos de peso, por lo fueron evacuadas unas 6.000 personas residentes en las proximidades de donde fue hallado el artefacto.

La policía alemana señaló que el estado deteriorado de la bomba y su detonador hizo imposible su traslado a otro lugar, por lo que los artificieros procedieron a su voladura en el mismo lugar del hallazgo sobre las 00.45 horas (22.45 GMT).

Nada mas efectuarse la explosión controlada, la policía y las fuerzas de rescate, que habían desplegado un gran dispositivo preventivo, permitieron a los evacuados regresar a sus hogares.

La policía alemana informó hoy también de la explosión fortuita en un bosque cerca de la localidad de Nidda, junto a la ciudad de Darmstadt, de otra bomba aérea aliada de la de Segunda Guerra Mundial que no causó daños personales, pero si un cráter de grandes dimensiones.

Los artificieros presumen que el artefacto era una bomba aérea de 250 kilogramos de peso con un detonador químico-mecánico de larga duración que se activó por si solo. La detonación, que fue oída por un campesino que alertó a las autoridades, causó un cráter de unos diez metros de diámetro y derribó unos diez árboles.

Vía| La Vanguardia

martes 30 de junio de 2009

¿Intentó la noche de los cuchillos largos ocultar la homosexualidad de Hitler?

Hace 75 años Adolf Hitler consolidó su poder al liquidar, en la llamada "noche de los cuchillos largos", a su principal rival dentro del nacionalsocialismo, Ernst Röhm, jefe del cuerpo paramilitar SA y enemigo del pacto con las viejas élites que habían sellado los nazis.

La fecha del 30 de junio de 1934 tiene algo de particular porque, pese a ser una de las primeras masacres perpetradas por los nazis, en esta ocasión resulta difícil contar la historia acogiéndose al patrón que muestra una dicotomía de verdugos y mártires inocentes.

La "noche de los cuchillos largos" no responde tanto a la voluntad de exterminio que caracterizó al nazismo como a la frialdad maquiavélica de Hitler y sus colaboradores más cercanos para deshacerse de un aliado incómodo y hasta peligroso para sus objetivos a medio plazo.

La SA (Sturmabteilung) era, hasta ese momento, la organización paramilitar más importante dentro del partido nazi.

Röhm había logrado aumentar su número de militantes, que en 1934 llegaron a ser más de 3 millones y, pese a las reservas del ejército, había conseguido que siguiera siendo una organización armada.

Tras la llegada al poder de los nazis en 1933, Röhm empezó a quejarse muy pronto de que en el partido se había llegado a un pacto con fuerzas tradicionales, empezando por el Ejército, y a propugnar una "segunda revolución" que barriera con lo que quedaba del antiguo imperio guillermino y de la República de Weimar.

Contra los pactos de Hitler

En el futuro, según Röhm, las SA deberían convertirse en un ejército de milicianos y absorber al viejo ejército. Además, pretendía que las élites financieras y empresariales -no sólo los judíos- fueran desplazadas por nuevas fuerzas.
El programa político de Röhm iba claramente en contra de los pactos que, en su camino hacia la guerra, había cerrado Hitler con el ejército y los principales círculos empresariales. En ese sentido, la "noche de los cuchillos largos" fue, ante todo, una purga interna dentro del nazismo, que contó con el aplauso y el apoyo de buena parte de los militares.

La propaganda nazi justificó las acciones del 30 de junio y el 1 de julio, cuando se produjeron el arresto y asesinato de Röhm y sus colaboradores más cercanos, alejando la necesidad de conjurar un golpe de estado inminente. Con la muerte de Röhm no quedaba nadie dentro del nazismo que pudiera resultar una amenaza para Hitler.

Un homosexual reconocido

El papel de las SA como brazo armado del partido en el futuro lo tendrían las SS, con un papel clave en la "noche de los cuchillos largos" y de cuya lealtad a Hitler no había duda.

Röhm era, por otra parte, un homosexual reconocido y sólo después de su muerte los nazis radicalizaron la persecución de loshomosexuales. Hitler sostuvo que tuvo conocimiento de la orientación sexual de Röhm después de la "noche de los cuchillos largos" y se declaró consternado.

Pero esa versión ha sido considerada siempre poco creíble, ya que incluso durante la época nazi circuló un chiste según el cual Hitler iba a estar más consternado aún cuando se enterase de que Hermann Göring era gordo y Joseph Goebbels cojo, ambas características evidentes para cualquiera y que desentonaban con la idea de superhombre ario tanto como la homosexualidad de Röhm.

La teoría de un Hitler gay

Otros mantienen, como el escritor Lothar Machtan, que la "noche de los cuchillos largos" se explica en que Hitler también era homosexual y que Röhm lo sabía.
Según su teoría, que explica en su libro "El secreto de Hitler" (Planeta), la "noche de los cuchillos largos" habría estado ante todo destinada a ocultar la homosexualidad de Hitler.

Esa hipótesis, sin embargo, no pasa de ser una curiosidad dentro de las explicaciones históricas que suelen concentrarse en analizar lo ocurrido la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1934 en el marco de una lucha de poder en el interior del nacionalsocialismo.

Muchos suelen preguntarse cómo hubiera cambiado la historia si esa lucha la hubiera ganado Röhm. El fundador de la revista "Der Spiegel", Rudolf Augstein, sugirió en una ocasión que tal vez la persecución de los judíos, con Röhm como Führer, no hubiera tenido la misma prioridad que tuvo bajo Hitler.

Otros creen que Röhm, aún imponiéndose ante Hitler, no hubiera logrado mantenerse en el poder pues su radicalidad a la hora de acabar con el antiguo régimen no le hubiera permitido las alianzas estratégicas en las que se apoyó Hitler.

Vía| ABC

Brad Pitt y Tarantino quieren una serie de "Malditos bastardos"

Todavía no se ha estrenado, pero tanta expectación ha despertado Malditos Bastardos, lo nuevo de Quentin Tarantino, que los rumores sobre su segunda entrega son constantes. Ahora ha sido Harvey Weinstein, el productor ejecutivo de la cinta, el que habla de la posible precuela e incluso de una serie de TV.

"Brad (Pitt) quiere hacer un Malditos Bastardos II. Todos quieren hacerla, y eso que la película aún no ha salido a la luz. Desafortunadamente no puedo revelar nada más sobre el argumento", afirmó el productor en una entrevista a la revista 'GQ Magazine'.

También reveló que material para convertir a los Bastardos de Tarantino en una saga no falta, ya que el director tiene mucho material escrito sobre la historia que podría dar lugar a una serie de televisión.

"Podríamos haber hecho dos películas, incluso tres. Yo aposté por hacer estas películas, pero Quentin quería hacer una serie de TV, y Bob (el hermano de Harvey y su socio en la Weinstein Co.) quería también hacer una serie, así que de momento son dos contra uno", señaló.

Weinstein también se refirió a la polémica sobre la duración y el montaje final de la cinta, que no será el mismo que se estrenó en Cannes y reveló que la duración no será superior a las dos horas y media.

"Hay fragmentos del metraje descartados y olvidados en la sala de edición que te dejarían impresionado", señaló el productor que asegura que ha intentado persuadir a Tarantino para que las incluya en la película. "Hay escenas con Brad y los Bastardos que espero vuelva a meter, porque son muy buenas", sentenció.

Un grupo de soldados en la Segunda Guerra Mundial

Ambientada en la Segunda Guerra Mundial, Malditos Bastardos (Inglourious Basterds) relata la historia de un grupo de soldados que, a punto de ser ejecutados, reciben una segunda oportunidad a cambio de ponerse a las órdenes del teniente Raine (Pitt).

Su objetivo: infiltrarse en la Francia ocupada para exterminar nazis, cazarlos de la forma más traumática, dolorosa y sangrienta posible. Para ver en los cines a los Bastardos de Tarantino habrá que esperar hasta el próximo 18 de septiembre.

martes 23 de junio de 2009

Primer trailer de "The Pacific"

Hace unos meses os hablábamos sobre la nueva serie de la HBO producida por Tom Hank y S. Spielberg y etiquetada como la sucesora de la magnífica "Band of Brothers" (aka "Hermanos de Sangre"), que no es otra que "The Pacific".





En este caso, la miniserie también sigue ambientada en la Segunda Guerra Mundial, sólo que ahora la acción tendrá lugar en el frente del Océano Pacífico. Aunque la producción comenzó en el año 2007 y el rodaje finalizó en 2008, hasta hoy no se habían publicado ningunas imágenes, por lo que el trailer, que podéis ver encabezando esta entrada, es una auténtica sorpresa.

Se trata de una de las grandes apuestas de la HBO para el próximo año, y no es para menos ya que se estima que han gastado 150 millones de dólares en tan sólo una decena de episodios. Aunque la serie no tiene nada que ver con ‘Hermanos de Sangre’ y ninguno de los personajes de ésta va a participar en ella, es imposible hacer comparaciones por lo similar de su temática, y a la vista de las primeras imágenes podemos concluir que el estilo será muy similar. Está por ver si también la iguala en calidad, tarea bastante difícil. Yo, con que sea la mitad de buena que la primera, me conformaría. Qué larga se nos va a hacer la espera…


Vía| Vaya tele!


P.D.: Perdonad el baile de tipos de letras pero estoy teniendo algunos problemas últimamente con este asunto. Avr si doy en breve con la tecla.

lunes 22 de junio de 2009

El mal estaba en todas partes

Nicholson Baker muestra en 'Humo humano' cómo la pulsión destructiva de la II Guerra Mundial no era sólo de un bando - El autor rinde homenaje al pacifismo


Desde que, con motivo de la conmemoración del medio siglo del final de la II Guerra Mundial, la investigación historiográfica empezó a confundirse con el denominado "trabajo de memoria", la idea de que el conflicto más devastador de todos los tiempos revestía los caracteres de una lucha escatológica, de un combate contra el Mal Absoluto, ha ido ganando terreno. Poco a poco, la indagación sobre los procesos políticos, diplomáticos y económicos que condujeron a la guerra se fue abandonando en favor de una reflexión de otra naturaleza, a medio camino entre la filosofía y la teología, y en la que lo más relevante es responder a la pregunta de por qué el ser humano fue capaz de tantas atrocidades como tuvieron lugar entre 1939 y 1945. Podría tratarse, sin duda, de una reflexión interesante, incluso necesaria, pero a condición de que no parta del equívoco que Nicholson Baker denuncia en su ensayo Humo humano, que acaba de publicar en España Debate: ese genérico ser humano que se libró a la destrucción y el asesinato en masa no se encontraba únicamente en las filas del nazismo, sino también, en mayor o menor medida, en cada uno de los bandos enfrentados.

El propósito declarado de Baker es saber si la II Guerra Mundial fue una "guerra buena" y si, hechos todos los balances, "ayudó a alguien que necesitara ayuda". Tal vez la sensación de que, al emprender esta tarea, se vería obligado a nadar a contracorriente de un relato historiográfico que consagra a Churchill y a Roosevelt como héroes haya llevado a Baker a plantear su obra, no como un volumen de historia al uso, sino como un texto coral en el que son los protagonistas quienes toman la palabra. El autor, por su parte, se ha limitado a seleccionar las declaraciones, los artículos de prensa, las cartas o los diarios en los que los protagonistas se expresan en primera persona, añadiendo de vez en cuando breves comentarios sobre el contexto y, siempre, la fecha de los documentos. El resultado es perturbador, como si, de pronto, hubieran sido convocados a escena todos los silencios, todos los equívocos imprescindibles para que la historia de la II Guerra Mundial se pueda seguir contando como hasta ahora.

Baker no expone una tesis, la ilustra. Y para ello concentra la mirada sobre dos de los dramas mayores del conflicto: el sistemático bombardeo de poblaciones civiles y las iniciativas, o mejor, la absoluta ausencia de iniciativas oficiales, para salvar a los judíos perseguidos por el nazismo. En realidad, la posición de Baker, la tesis que se propone ilustrar en Humo humano, sólo queda fijada en la dedicatoria con la que concluye un breve epílogo de apenas dos páginas: "Dedico este libro", escribe Baker, "a la memoria de Clarence Pickett y otros pacifistas estadounidenses y británicos. Jamás han recibido realmente el reconocimiento que se merecen. Intentaron salvar refugiados judíos, alimentar a Europa, reconciliar a Estados Unidos y Japón e impedir que estallara la guerra. Fracasaron, pero tenían razón".

Humo humano establece un implícito paralelismo entre la guerra total que inspira la estrategia de todos los contendientes en la II Guerra Mundial y los ataques aéreos en los territorios coloniales. Es entonces cuando aparecen por primera vez protagonistas como el futuro jefe del Bombing Command, Arthur Harris, y el también futuro primer ministro británico, Winston Churchill. "Estoy decididamente a favor de emplear gas tóxico", escribe Churchill al jefe de la Royal Air Force, "contra tribus incivilizadas". La confianza del primer ministro en la eficacia del bombardeo contra civiles, aunque ya no con gas tóxico, que había sido prohibido, se mantiene intacta al iniciarse la II Guerra Mundial, sólo que ahora Chur-chill pretende que la lluvia de fuego que descarga sobre las ciudades de Alemania transmitan el mensaje de que los alemanes deben rebelarse contra Hitler. Con el implícito y aterrador corolario de que, si no lo hacen, se convierten en cómplices del dictador.

Los textos que reproduce Baker recuerdan que el antisemitismo no fue sólo un sentimiento alimentado por el nazismo, sino un clima general. Cuando aún era un simple abogado, el futuro presidente Roosevelt se dirigió a la Junta de Supervisores de Harvard proponiendo que se redujera el número de judíos en la Universidad hasta que sólo representaran un 15%. Y Churchill, entretanto, publicaba en febrero de 1920 un artículo de prensa en el que decía que judíos "desleales" como Marx, Trotski, Béla Kun, Rosa Luxemburgo y Emma Goldman habían desarrollado "una conspiración mundial para el derrocamiento de la civilización". Creía, sin duda, en la existencia de "judíos leales", a quienes exigía en ese mismo artículo que vindicasen "el honor del nombre de judío", pero la obsesión antibolchevique le jugó la mala pasada de elogiar, también en la prensa, a Mussolini, de quien se declaró "encantado por el porte amable y sencillo" y "por su actitud serena e imparcial". E incluso a Hitler, de quien, dejándose influir por los comentarios de los que lo conocían, estima que era "un funcionario harto competente, sereno y bien informado de porte agradable y sonrisa encantadora". En contraposición, Trotski "era un judío. Seguía siendo un judío. Era imposible no tener en cuenta este detalle".

Es probable que quienes defienden la interpretación de la II Guerra Mundial como una "guerra buena", como una lucha escatológica contra el Mal Absoluto, reprochen a Baker la selección de los textos que ha incluido en su provocador Humo humano. Pero, aun así, esos textos seguirán estando donde están, y obligan, cuando menos, a repensar la relación entre la historia y el tan traído y llevado "trabajo de memoria".

Vía| El País