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martes, 21 de noviembre de 2017

Amor labrado en chapa en el gueto judío de Lodz


Más de 70 años después de la Segunda Guerra Mundial, las huellas de la vida cotidiana de los judíos en Polonia siguen saliendo a la superficie: un broche encontrado cerca de Auschwitz relata una historia de amor y la difícil vida en el gueto de Lodz.

En acero inoxidable, la joya imita una cartilla de racionamiento de pan que fue regalada a una tal «Heli» por su marido, «Pawel» por su aniversario de boda.

«El pan era racionado y muy apreciado en el gueto, una cuestión de vida o muerte, por eso este broche era un regalo tremendamente simbólico de amor para una pareja que estaba presa», explicó este lunes Dagmar Kopiasz, responsable de la Fundación polaca de sitios de la Memoria (FPMP).

Desde hace algunos años, la FPMP reúne objetos que pertenecieron a víctimas del Holocausto, hallados por los habitantes de las ciudades polacas de Oswiecim y Brzezinka, cerca del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, en la Polonia ocupada por la Alemania nazi.

En el reverso del broche está escrito: «A mi querida Heli, en el sexto aniversario de nuestro matrimonio. Pawek», así como la fecha «15 de agosto, 1937-1943».

El broche lleva la inscripción en alemán «Cartilla de pan», el nombre de «Hinda Weiksel» y la dirección «Hanseaten 42» en el gueto de Lodz.

El objeto fue encontrado tras la guerra en un basurero por una familia polaca que lo guardó durante decenios. Un miembro de la familia «nos la dio este año», precisó Kopiasz.

Decenas de miles de detenidos del gueto de Lodz fueron deportados a Auschwitz-Birkenau.

Un broche similar se conserva en el Instituto Yad Vashem de Jerusalén, fabricado por un artesano del gueto de Lodz, Chaim Klieger. Fabricaba peinetas, broches y medallones en ferralla para intercambiarlos por comida. «Muchos de estos objetos representaban escenas de la vida del gueto», según Yad Vashem.

Vía | ABC


lunes, 28 de marzo de 2016

"Operación vegetariana", pienso con Anthrax para acabar con Alemania



Año 1942, en plena Segunda Guerra Mundial. Hay que evitar que Alemania siga expandiendo sus tropas por Europa. Se forma un comité de crisis en el Reino Unido llegando a la conclusión de que sólo hay una manera de pararlos: lanzando toneladas de pienso con ántrax al ganado alemán que posteriormente aniquilará a millones de alemanes. Su nombre en clave: Operación vegetariana.

A lo largo de la historia de los diferentes conflictos bélicos han existido ideas muy “locas” y bastantes surrealistas. De entre el armamento histórico con el que se ha intentado generar ventaja en el campo de batalla se han dado por buenos el uso de palomas suicidas, gallinas y pollos para calentar minas nucleares, bombas murciélagos o la historia que hoy contaremos. Esto fue lo que ocurrió en los siguientes meses.

Guerra con armas “biológicas”

Tras los atentados en las Torres Gemelas en Nueva York el mundo entero retrocedió al pasado. Después de los terribles acontecimientos y con la llegada de Al Qaeda como el “enemigo” número uno, las siguientes semanas no había un solo periódico que no hablará del ántrax y de la posibilidad de que se iniciara una guerra marcada por las armas biológicas.

No era algo nuevo, décadas atrás el uso de “veneno” contra masas de ciudadanos ya existía, y en el Reino Unido estuvieron a punto de comenzar una de las más cruentas batallas de esta índole. Habían fabricado nada menos que cinco millones de piensos compuesto con ántrax con la intención de envenenar al ganado y posteriormente a los ciudadanos alemanes en el marco de la Segunda Guerra Mundial. La Operación Vegetariana, así la llamaron, tenía como objetivo acabar con los rebaños de ganado de carne y leche alemanes para posteriormente ver como se propagaba la bacteria en la nación. El razonamiento era que al no tener acceso a los antibióticos, habría causado la muerte de miles, tal vez millones, de hombres, mujeres y niños alemanes. No sólo eso, al haber acabado con la mayor parte del ganado, la escasez de alimentos habría derivado en hambruna y muerte para los supervivientes.




lunes, 15 de febrero de 2016

El día que Hitler bombardeó Wimbledon (bueno, no él personalmente)



11 de octubre de 1940. Un caza bombardero alemán sobrevuela cielo inglés y deja caer cinco inmensas bombas sobre el All England Lawn Tennis Club destrozando parte del estadio. Más de 1.200 butacas fueron destrozadas, así como otros daños materiales en su cubierta. Las inmediaciones de la Catedral del tenis se encontraban vacías de seguidores del deporte. En su lugar, un rastro de muerte. Ése que sólo es capaz de dejar una guerra.

Meses antes, Hitler continuaba con éxito su avance y logró conquistar París, la capital francesa. El 22 de junio de 1940, Francia firmó su rendición ante las tropas alemanas y entregó el norte del país a los nazis. Hitler no dudó en pasearse durante unas horas por los rincones más bellos de París y tomarse unas fotos delante de la torre Eiffel, que quedó marcada con una pancarta en la que podía leerse: "Alemania sale victoriosa en todos los frentes". Gran Bretaña, su próximo objetivo, temblaba de terror.

Adolf tenía Europa prácticamente en su mano. Conquistar a los británicos le haría dominar completamente el continente pero sabía que no podía cruzar el canal de la Mancha por el agua ya que la Royal Navy tenía demasiado poder. Su única vía era atacar a través del aire con su gran fuerza aérea, la Luftwaffe, con la que Alemania había conseguido mostrarse inexpugnable. Es así como Hitler ordena atacar Londres a través de una serie de ofensivas aéreas.







martes, 1 de septiembre de 2015

Polonia moviliza su ejército para buscar un antiguo tren nazi lleno de oro



Que dos buscadores de tesoros aseguren haber encontrado un tren lleno de oro que los nazis escondieron no es nada nuevo. Esta vez, sin embargo, el descubrimiento está suscitando tanta atención que las autoridades polacas han pedido al ejército que investigue.

Todo empezó a mediados de agosto. Una firma de abogados polaca solicitó el 10% que establece la ley del país sobre el valor de nuevos hallazgos arqueológicos. La firma actuaba en nombre de dos buscadores de tesoros, uno polaco y el otro alemán, que aseguraban haber encontrado la ubicación de un antiguo tren que los nazis enterraron en un complejo de túneles cerca de la localidad polaca de Wałbrzych, cerca de la frontera con República Checa.

El representante de la firma de abogados, Jaroslaw Chmielewski, comparó el descubrimiento con el del pecio del Titanic. Según Chmielewski, sus representados están en poder de documentos que revelan la ubicación exacta de un convoy blindado de 150 metros cargado con 300 toneladas de oro, joyas y obras de arte.

¿Existe tal tren? Las leyendas locales aseguran que sí, pero no hay ninguna constancia histórica de ello. Según las viejas historias que se cuentan en Breslavia, cuando el ejército soviético comenzó a invadir Europa hacia Alemania, los Nazis reunieron una gran cantidad de riquezas acumuladas tras años de expolios y las metieron en un tren rumbo a Polonia. El tren terminó en uno de los túneles de la vasta red que el ejército alemán había construido en la provincia.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Según Hitler, los Reyes Magos eran nazis



Desde cantar villancicos cuya letra rendía culto a los líderes germanos, hasta representar la imagen del Arcángel Gabriel como un dios ario. Estas eran sólo dos de las premisas que aparecen en una curiosa guía encontrada en Dresde (Alemania) y que narra las directrices que debíann seguir los seguidores de Hitler para celebrar las perfectas navidades nazis. Este folleto cuenta con apenas 20 páginas y –según afirma en su versión digital el «Daily Mail»- está fechada en noviembre de 1937.

 Entre otras cosas, el folleto explica pormenorizadamente como debía decorar el árbol de Navidad un buen nacionalsocialista, además de hacer referencia a que las letras de los villancicos tenían que ensalzar a los líderes germanos, la maternidad, las cosechas y la naturaleza. La fecha en la que se creó este pequeño libro (según parece) sería aproximadamente un año y medio antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial. A su vez, fue editado por una ramificación sajona del partido nazi llamada «Heimatwerk» (la cual se había formado en el 36 como promotora de la cultura germana).

viernes, 10 de octubre de 2014

Fifi, la agente que seducía a espías en la Segunda Guerra Mundial




Cumplía su misión encubierta. Se hacía pasar por una periodista francesa que trabajaba a destajo en el Reino Unido. Encontraba a sus víctimas en hoteles y bares… Era conocida como la agente Fifi y fue contratada por el gobierno británico para poner a prueba a los agentes secretos que acaban de terminar su entrenamiento. El objetivo era determinar si eran capaces de mantener en secreto la información clasificada a la que tenían acceso.

Su historia se cuenta en los documentos de la II Guerra Mundial que fueron desclasificados recientemente en los Archivos Nacionales, en Londres.

miércoles, 1 de octubre de 2014

El fundador de Ikea fue un nazi activo en su juventud



No es que sea una noticia nueva ni nada de eso, pero es que ando liado con algunos muebles del IKEA y, al ver que esta compañía se fundó en 1943 en Suecia  pensé que casi seguro había alguna historia relacionada con la Segunda Guerra Mundial y... BINGO!

lunes, 1 de septiembre de 2014

Los secretos de la criada de Hitler



Incluso el peor de los tiranos necesita servicio, y quien sirvió a Hitler conocía algunas de sus debilidades, además de saber sus gustos. En el caso de Hitler, la que fuera su criada, Elisabeth Kalhammer, de origen austriaco, sabía todo eso. Por ejemplo, que durante sus largas estancias en Berghof, el führer quería tener a mano su pastel favorito, por la noche. En las largas veladas de quien quería conquistar el mundo a sangre y fuego, no podía faltar este pastel realizado con manzanas, pasas y nueces.

«Le encantaban los dulces», ha relatado Kalhammer, encargada de que nunca faltara el «führer cake» al acabar el día. Sin embargo, para ser un obstinado por la dieta, al que le encantaban los piscolabis, también había que tratarle de modo diferente por la mañana. Hay que recordar que a menudo dormía hasta las 14h y que ese fue el problema del Día D, cuando sus asistentes militares no se atrevieron a despertarle con la noticia del desembarco, en parte porque todos, incluso él, creían gracias al espía español «Garbo» que se trataba de una diversión, un señuelo.

jueves, 21 de agosto de 2014

El extraño destino del teléfono y la máquina de escribir de Hitler



El teléfono de Adolf Hitler no fue destruido durante la guerra, ni tampoco enterrado en el búnker del dictador. Al parecer estuvo en un almacén durante años, hasta principios del siglo XXI, y ahora se exhibe en una urna de cristal en el Army Signal Corps Museum, en Fort Gordon, Georgia (Estados Unidos).

Una placa de bronce colocada en el teléfono aclara que procede de su casa en la montaña, en Berchtesgaden (Alemania), el famoso Nido del Águila. De hecho, el teléfono se ha colocado delante de una fotografía de Hitler con el auricular en la mano. Al lado de esta reliquia hay otro teléfono de la guerra, procedente de la sede del Ejército Imperial Japonés en Tokio.

jueves, 14 de agosto de 2014

Hitler tenía un plan secreto: hacer revivir bisontes gigantes a todo pasto


Los delirantes y terroríficos planes de Adolf Hitler no se limitaban al exterminio de la mitad de la humanidad, la creación de una civilización aria, el desarrollo de platillos volantes o la búsqueda de la mítica Shambhala.

Según se hace eco RT, nuevos estudios de documentos archivados del Tercer Reich revelaron que los nazis intentaron recrear animales prehistóricos, que se extinguieron hace 9.000 años, informó el portal Epochtimes.

lunes, 28 de julio de 2014

Los aviones y barcos rosas de la Segunda Guerra Mundial

Hoy hemos encontrado esta curiosa historia en el blog (muy recomendable) La Aldea Irreductible.




El Supermarine Spitfire, el avión que frenó a los alemanes en la Batalla de Inglaterra, representa el icono de la lucha inglesa contra los nazis. Tras la Batalla de Inglaterra los Spitfire también combatieron el norte de África, haciendo retroceder a las fuerzas de Rommel después de la batalla de El Alamein. Más tarde participaron en la campaña de Normandía, sometiendo a la Luftwaffe en 1944 y 1945. Los Spitfire sirvieron incluso en Rusia y, finalmente, también estuvieron presentes en el Frente del Pacífico.

El Spitfire fue “vestido” con distintos patrones y colores de camuflaje: curvas verdes sobre ocre terroso (excelente para mimetizar el avión sobre los verdes suelos de Inglaterra), verde musgo sobre gris océano, colores arenosos para el desierto, y hasta algunos fueron pintados de negro para el patrullaje nocturno.

martes, 23 de julio de 2013

Certificar que la Tierra era hueca y otros objetivos de la misteriosa expedición nazi al Tíbet

Hace 75 años los aventureros y cazatesoros eran bien distintos de los que, hoy por hoy, nos vende la factoría Hollywood. De hecho, más que ir vestidos con un reconocible sombrero de vaquero y armados con un látigo, preferían equiparse con brazaletes con esvásticas y vestirse con el traje negro de las SS. Al menos, esto es lo que dejó claro el extraño viaje al Tibet que varios soldados y estudiosos nazis realizaron para, entre otras cosas, estudiar el origen de la raza aria y la composición de la Tierra

Dirigida por Ernst Schaeffer, esta expedición tenía el sello de identidad de la Ahnenerbe nazi, una organización que, aunque en principio nació para dar validez a las más antiguas tradiciones arias, pronto se destacó como una sociedad cuyos miembros realizaron todo tipo de extraños viajes. Concretamente, se destacaron en el campo de la arqueología al buscar artefactos como la lanza de Longinos o el Santo Grial.

En 1938, la Ahnenerbe se propuso dar un paso de gigante y organizar un viaje a la región del Tibet. «Encabezada por (…) Schaeffer, y compuesta por un grupo de cinco investigadores alemanes acompañados por 20 voluntarios de las SS, en la expedición al Tibet existía un interés arqueológico y antropológico, pero no olvidemos que parte de las actividades de la Ahnenerbe se centraban en el estudio de las leyendas y las tradiciones, y (…) sin duda estaban interesados en los mitos y leyendas tibetanas», determina el investigador José Lesta en su libro «El enigma nazi. El secreto esotérico del III Reich», editado por Edaf.

Primeros objetivos demenciales

No obstante, el artífice real de la expedición no fue otro que el archiconocido líder de las SS Heinrich Himmler, quien, ya en 1936, tenía todo tipo de planes para el grupo de alemanes que viajarían hasta lo que en ese momento era el fin del mundo. Entre sus primeros objetivos, se encontraba el de certificar que el origen de la raza aria se encontraba en el Tibet. 

«Existe un documento secreto en el que (…) Schaeffer (…) recuerda su primer encuentro con el jefe de las SS: “Himmler me habló de su creencia de que la raza nórdica no había evolucionado, sino que había descendido directamente del cielo para asentarse en el continente desaparecido (Atlántida), y que antiguos emigrantes de ese continente habían fundado una gran civilización en Asia Central. Creía que algunos tibetanos eran descendientes directos de esta civilización y que los arios provenían de esta etnia», determina el autor.
Sin embargo, este no era ni mucho menos su objetivo más rocambolesco, ya que el grupo de viajeros nazis también recibió órdenes de hallar todas las pruebas posibles para demostrar la teoría de que la Tierra estaba hueca. Concretamente, la cúpula nazi se había hecho eco de la leyenda que afirmaba que, dentro de la corteza terrestre, existían un gran número de galerías que conectaban los diferentes países entre sí y que el centro de dichos corredores se encontraba en el Tibet.

En busca del reino de Shambhala

A su vez, y como misión final, Schaeffer debía viajar en busca de la ciudad perdida de Shambhala, un misterioso lugar cuya ubicación era desconocida pero del que se hablaba en la tradición tibetana. No obstante, el interés en este territorio no era arqueológico, sino militar, pues los nazis pensaban que, si hallaban el emplazamiento, podrían invocar a un misterioso héroe tribal, Gesar de Ling, quien les ayudaría a dominar el mundo.
«Gesar de Ling vivió aproximadamente en el siglo XI y fue el rey de la provincia de Ling, al oeste del Tibet. Al término de su reinado, los relatos y leyendas sobre sus logros en cuanto guerrero y gobernante se difundieron por todo el Tibet (…). Algunas leyendas afirman que Gesar de Ling retornará viniendo de Shambhala para someter a las fuerzas de la oscuridad en el mundo», determina el lama tibetano Trungpa en declaraciones recogidas en el libro de Lesta.

El mejor jefe de operaciones

Bajo todas estas pretensiones se preparó la expedición, la cual estuvo comandada por uno de los grandes aventureros alemanes de la época: Ernst Schaeffer. «Schaeffer había estudiado zoología y biología en la Universidad de Botinga y allí empezó a abrazar la causa nazi. Su vida daría un giro de ciento ochenta grados cuando conoció a un joven estadounidense en Hannover (…) al que acompañaría a una expedición con tan sólo 21 años», explica por su parte Oscar Herradón en su libro «La Orden Negra, el ejército pagano del III Reich». 

Este alemán tenía entre sus logros el haber sido el primer occidental en matar a un oso panda y el haber llevado a cabo un viaje hasta el Himalaya. Para acabar de completar su currículum, a una corta edad se afilió a las SS, cuerpo del que ya era oficial cuando se le encargó dirigir el viaje hasta el Tibet. Sin duda, era el mejor hombre para Himmler, que, casi sin dudas, recurrió a su ayuda.
«La expedición contaba también entre sus filas con Bruno Beger, un joven y aplaudido antropólogo que también buscaba los orígenes de la “raza superior”. (…) Junto a estos partirían también hacia el Tibet el geofísico Kart Wienert, y Ernest Krause, entomólogo y fotógrafo. El experto en técnica y organización era Edmund Geer», completa Herradón.

Comienza la aventura

Tras llevar a cabo todos los preparativos, en abril de 1938 comenzó la esperada expedición. Una de sus primeras paradas, ya en Asia, fue el territorio de Sikkim, una puerta natural para entrar en el Tibet. Este lugar fue de gran utilidad para uno de los miembros de la expedición, Beger, quien llevó a cabo todo tipo de mediciones y experimentos con la población local.
«Beger haría minuciosos análisis de los rasgos físicos de los lugareños (…) y realizaría siniestras “mediciones craneales”: medía la longitud, anchura, y circunferencia de sus cabezas (…) de su boca, nariz… Según la ciencia racial imperante en el Reich, los nórdicos, la raza superior, se distinguían (…) por una frente ancha y un rostro alargado», explica Herradón en el texto.
No obstante, estas no fueron las únicas pruebas que haría este doctor. «Utilizaba también máscaras faciales de yeso, material (…) que les provocaba ahogamientos, escozor, e incluso quemaba su piel», determina el español. De hecho, tal era su falta de escrúpulos que en una ocasión casi acabó con la vida de un joven lugareño cuando la pasta penetró por su nariz y boca.

La ciudad sagrada

Después de esta parada, atravesaron el último tramo del trayecto, el que les llevaría hasta la ciudad sagrada de Lhasa. «Durante el viaje, Schaeffer se entregaba de forma enfermiza a la caza para conseguir exóticos especímenes para los museos del Reich. Bruno Beger confirmaría más tarde que Schaeffer, realmente fuera de sí, en ocasiones llegaba a beber sangre de algunas de sus presas tras haberlas degollado. Según este, les conferían fuerza y potencia», añade Herradón.

En 1939, pocos meses antes del inicio de la II Guerra Mundial, la expedición llegó a las puertas de la ciudad, hogar del Dalai Lama, por aquel entonces nada más que un niño. Antes incluso de comenzar las investigaciones de campo, ya habían logrado una gran proeza para Alemania: hacer que los pendones con la esvástica se alzaran en lo alto del Tibet. Una vez alcanzada la aldea iniciaron sus pesquisas recogiendo raros especímenes de todo tipo de especies poco conocidas y llevando a cabo miles de fotografías y filmaciones.
Tras dos meses de investigación, el grupo volvió a casa por orden de la cúpula nazi, temerosa ante el inicio de la contienda contra Polonia. Sin embargo, y aunque no lograron verificar las descabelladas teorías que pretendían, no regresaron con las manos vacías.

Los curiosos regalos del Tibet

Una vez en el corazón del Reich, Schaeffer y sus compañeros fueron tratados como héroes e, incluso, rodaron un documental con todas las imágenes captadas en su viaje. A pesar de todo, todavía tendría que pasar mucho tiempo hasta que finalizara la investigación y el análisis de todos los especímenes que había traído del Tibet.
A su vez, los alemanes trajeron consigo un curioso regalo. «Tras la llegada corrieron rumores sobre la existencia de un documento de singular valor y que Hitler habría colocado en una habitación cerrada y sin ventanas (…) en la sala donde supuestamente meditaba. Pues bien, dicho documento existió. No era otra cosa que un pergamino en el que el Dalai Lama habría firmado un tratado de amistad con la Alemania nazi y reconocía a Hitler como jefe de los arios», explica por su parte Lesta.

Un misterioso final

No obstante, nunca se llegó a saber a ciencia cierta si la relación entre el Tibet y la Alemania nazi era tan estrecha como demostraba aquella carta. «Todas las pruebas sobre la conexión (…) se irían diluyendo con el transcurso de la guerra y los bombardeos», explica el autor de «El enigma nazi».
Lo que si es cierto, según Lesta, es que «cuando al final los rusos entraron en una de las sedes de la Ahnenerbe en Berlín, yacían muertos varios soldados de raza mongola sin distintivos de ningún tipo. Todos portaban unas extrañas dagas ceremoniales y estaban tendidos en el suelo formando un círculo».

Vía| ABC






jueves, 17 de enero de 2013

Los bombarderos de la Segunda Guerra Mundial modificaron el clima

Los aviones bombarderos de los aliados que sobrevolaron Europa durante la Segunda Guerra Mundial produjeron en el sureste de Inglaterra cambios importantes en el clima, según revela un nuevo estudio.

Que las estelas de los aviones tienen efectos sobre el clima es algo que los climatólogos ya sabían. Por un lado actúan como una especie de manto que atrapa el calor que de otro modo escaparía hacia el espacio exterior. Por otra parte, durante el día reflejan la luz procedente del Sol, impidiendo que llegue a la superficie y enfriando por lo tanto la Tierra. Los climatólogos están de acuerdo en que, normalmente, al sumar ambos efectos el resultado es que un exceso de tráfico aéreo calienta el planeta.

Analizando los registros de operaciones de las fuerzas armadas estadounidenses y británicas y los datos climatológicos de los años cuarenta, científicos de la Universidad de Brimingham (Reino Unido) han cuantificado los niveles de nubosidad que provocaron los miles de bombarderos aliados que volaron desde Inglaterra hasta distintos destinos en Europa entre 1943 y 1945. Y tras estudiar los datos escogieron un ataque representarivo: el que se produjo durante la mañana del 11 de mayo de 1944, que implicó a más de 1400 aviones. De este modo han llegado a la conclusión de que aquel día los vuelos de los aviones británicos hicieron que la temperatura descendiera 0,8ºC sobre las bases militares. Sus conclusiones se publican en la revista International Journal of Climatology.

“Mirando hacia una época en que la aviación se producía en grupos concentrados con fines militares resulta más fácil separar este fenómeno de otros que también afectan al clima”, subraya Rob MacKenzie, coautor del estudio.

martes, 30 de octubre de 2012

El mártir de Auschwitz

Si no conseguían atrapar al prisionero fugado, todos sabíamos las consecuencias… matarían a diez de nuestro barracón.
Estas eran las palabras de Franciszek Gajowniczek, prisionero polaco nº 5659 del campo de exterminio de Auschwitz.

La noche del 30 de julio de 1941, en el último recuento del día, faltaba uno compañero del barracón de Franciszek. Sonaron todas las alarmas, los encerraron a todos y los alemanes comenzaron su búsqueda… Por un lado, nos alegrábamos de que alguien pudiese escapar de aquella condena pero, por otra lado, suponía la muerte de otros. A la mañana siguiente, sin haber conseguido capturar al huido, nos sacaron a los 2.000 recluidos en el barracón y nos tuvieron en posición de firmes durante todo el día bajo el sol abrasador. Por la noche, el coronel de las SS Kark Fritsch volvió a pasar lista para elegir a los 10 prisioneros que, como represalia, serían ajusticiados… Franciszek Gajowniczek estaba entre ellos. Cuando dijeron su nombre, dio un paso al frente y murmuró:
Pobre esposa mía; pobres hijos míos.
El compañero que tenía al lado, el prisionero nº 16.770 Maximiliano Kolbe, se adelantó y dijo:
Coronel, soy un sacerdote católico polaco, estoy ya viejo. Querría ocupar el lugar de este hombre que tiene esposa e hijos.
Al coronel no le hizo mucha gracia pero, al fin y al cabo, qué más daba matar a uno u otro. Para que la muerte fuese lenta y agónica, los encerraron para morir de hambre… Bruno Borgowiec, un polaco que fue asignado a prestar servicio en la celda donde fueron encerrados, contó antes de morir en 1947:
El hombre encargado de vaciar los cubos de orina siempre los encontraba vacíos. La sed les condujo a beber el contenido. El padre Kolbe nunca pidió nada y en lugar de quejarse animaba a los otros diciendo que el fugitivo podría aparecer y todos sería liberados – efectivamente, apareció muerto en una letrina pero el coronel ya no quiso dar marcha atrás -. Uno de los guardias de las SS comentó: este sacerdote es realmente un gran hombre. Nunca he visto a nadie como él…
Dos semanas pasaron de este modo. Uno tras otra morían, hasta que sólo quedó el padre Kolbe. Aquello se alargaba demasiado y decidieron ponerle fin: una inyección letal. Aquel sacerdote, hijo de alemán y polaca, fue, durante el tiempo que estuvo recluido, una pequeña luz de esperanza en un lugar de desesperación y muerte; igual que lo había sido para 3.000 refugiados polacos, entre los que se encontraban 2.000 judíos, cuando los escondió en un convento cerca de Varsovia tras regresar de Japón y la India donde fundó varios conventos.
Treinta años después, cuando Franciszek Gajowniczek asistió a la beatificación de Maximiliano Kolbe, pronunció estas palabras:
Sólo pude darle las gracias con la mirada. Yo estaba aturdido y no podía comprender lo que estaba pasando: Yo, el condenado, sigo viviendo y otra persona, voluntariamente, ofreció su vida por mí. ¿Es esto un sueño? [...] no tuve tiempo de decirle nada a Maximiliano Kolbe. Me salvé. Y se lo debo a él. La noticia se extendió rápidamente por todo el campamento. Fue la primera y la última vez que un incidente sucedido en toda la historia de Auschwitz.
Durante mucho tiempo sentí remordimiento al pensar en Maximiliano por permitir que me salvase firmando su sentencia de muerte. Pero ahora, al reflexionar, comprendí que un hombre como él no podía hacer otra cosa. Tal vez pensó que como sacerdote su lugar estaba al lado de los condenados para ayudarles a mantener la esperanza [...]
 
Esta entrada ha sido originalmente publicada en el blog "Historias de la Hstoria".

viernes, 31 de agosto de 2012

La leyenda de los jinetes polacos que cargaron contra tanques nazis

La historia guarda un hueco especial para los héroes, pero eso sí, siempre que sea verdad lo que se cuenta de ellos, ya que en caso contrario están abocados al olvido. Esto es lo que ha sucedido con uno de los mitos más famosos de la Segunda Guerra Mundial, el que afirma que una unidad de caballería polaca cargó valerosamente contra decenas de tanques alemanes aún a sabiendas de que iban a ser aniquilados. Algo que, al parecer, es falso.

Este mito comienza el 1 de septiembre de 1939, cuando las tropas de Hitler iniciaron un conflicto mundial al invadir a su vecina Polonia. Para los nazis las prioridades estaban claras: conquistar en el menor tiempo posible el territorio haciendo uso de una de las estrategias militares más revolucionarias hasta la fecha, la ‘blitzkrieg’ o guerra relámpago. Esta táctica era sencilla y consistía en valerse de su superioridad tecnológica para sorprender a los enemigos con un asalto llevado a cabo con todo tipo de vehículos de gran velocidad (blindados o motocicletas). Sus contrincantes, que no habían visto hasta ese momento una estrategia como esa, no tenían tiempo de reaccionar antes de ser masacrados.

Los alemanes se toparon con un ejército polaco en el que la caballería aún contaba con un papel primordial. Y es que, en ese momento, algunos oficiales creían que era imposible que los inmortales jinetes cayeran ante las balas enemigas. De hecho, Polonia no contó con carros de combate hasta 1936, año en que adquirió poco menos que 40. Ante la fuerza arrolladora de Alemania, a sus vecinos sólo le quedaba la opción de resistir hasta recibir la ayuda de alguno de sus aliados europeos.

Entre los primeros objetivos de los nazis se encontraba el ‘Corredor de Pomerania’, un pequeño territorio cerca del pueblo de Pomorze que, situado en el norte del país, le otorgaba un acceso directo al mar Báltico. Para Hitler estaba claro: era necesario tomar este pequeño «pasillo» que le había sido arrebatado al pueblo alemán. Para ello, destinaron nada menos que al 4º Ejército nazi.

Nuestra historia se sucede en esta zona, en la que el alto mando polaco había afincado dos divisiones de infantería y una brigada de caballería con la intención de evitar la toma de Pomerania por parte de los alemanes.

Según el mito, la unidad de jinetes que se encontraba en este territorio, conocida como Brigada de Caballería «Pomorska», llevó a cabo lo que sería recordado como uno de los mayores actos de valor de un soldado durante de la Segunda Guerra Mundial. Según se cuenta, la caballería cargó, lanza y espada en ristre, contra una unidad de tanques alemanes. Estos blindados, conocidos como Panzers, masacraron a los valientes caballeros haciendo valer su superioridad tecnológica.

Además, la leyenda continúa y afirma que la derrota fue tan aplastante que la carga de la «Pomorska» fue la última de la historia, al menos durante un conflicto militar. Y es que este combate dejó sin argumentos a los que apoyaban la caballería. Estaba claro, la época del jinete había tocado a su fin.

La leyenda habla de valentía y honor pero ¿se produjo realmente esta carga?. Según las declaraciones que el historiador Steven J. Zaloga hace en su libro «La invasión de Polonia: 'Blitzkrieg'», la respuesta está clara: este mito es falso. Para Zaloga, los hechos se sucedieron de una forma totalmente distinta, y comenzaron cuando las tropas polacas tuvieron que retirarse hacia el sur del corredor de Pomerania ante la presencia de un gran contingente alemán.

Según explica en sus escritos, contra quién realmente combatió la «Pomorska» durante la guerra fue una unidad alemana motorizada que contaba con algunos vehículos, pero no con blindados. «La Brigada de Caballería ‘Pomorska’ libró todo un día de choques con la 20º División de Infantería Motorizada alemana a lo largo del río Brda, obligando al comandante enemigo a pedir permiso para replegarse ‘ante una intensa presión de caballería’.», escribe el historiador.

Ese mismo día -2 de septiembre de 1939-, la «Pomorska» libraría la batalla que le otorgó su fama, aunque no fue contra blindados. «A última hora de la tarde el jefe del 18º Regimiento de Lanceros, coronel K. Mastelarz, mandó una incursión de dos escuadrones tras las líneas enemigas» determina Zaloga en el documento. «Tras salir al galope de un bosque, sorprendieron al descubierto a un batallón de infantería alemán y cargaron al sable contra la atónita unidad enemiga», explica el historiador.

Los jinetes consiguieron diezmar al regimiento enemigo, pero finalmente la tecnología dio la victoria a los alemanes cuando varias de sus autoametralladoras hicieron retirarse a los caballeros. Después del combate, 20 de los 50 polacos que formaban la unidad de la incursión habían muerto, y entre ellos estaba su comandante. «Al día siguiente se llevó al lugar corresponsales de guerra italianos y se les dijo que los jinetes habían cargado contra carros de combate», sentencia el historiador.

Zaloga también da las claves de porqué esta mentira fue aceptada tanto por alemanes como por polacos. Y es que ensalzaba la tecnología militar de los nazis a la vez que daba a conocer el valor de la caballería polaca. «Esta historia se fue magnificando hasta convertirse en parte de la propaganda alemana y en uno de los mitos más duraderos de la campaña de Polonia», sentencia el historiador en su libro.

miércoles, 18 de julio de 2012

El chocolate explosivo que pudo asesinar a Churchill

Un complot nazi para matar a Winston Churchill con tabletas de chocolate que en realidad eran explosivos ha sido revelado gracias a un documento histórico.

Los asesinos cubrieron los explosivos con una capa de chocolate negro, y después los envolvieron en papel dorado. Los alemanas tenían planeado utilizar en esta misión a agentes británicos. Según cuenta el diario 'The Telegraph', tenían que colocar las falsas tabletas de chocolate entre otros productos de lujo y el equipaque que Churchill llevaba consigo durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero el complot fue descubierto por los espías británicos mientras preparaban este curioso artefacto y avisaron al entonces jefe de la inteligencia británica, Lord Victor Rothschild, antes de que la vida del ex primer ministro corriera peligro.

Rothschild, que también era científico, inmediatamente escribió una carta a un ilustrador, pidiéndole dibujos a gran escala del 'chocolate explosivo' para que la gente supiera qué forma tenía el peligro.
La carta al dibujante, Laurence Fish, con fecha de 4 de mayo de 1943, fue escrita desde un búnker secreto en Londres. Y fue descubierta más de 60 años después por la mujer del fallecido Fish, Jean Bray, cuando hacía limpieza de las posesiones de su marido. La carta, que lleva la advertencia de que es "confidencial", dice lo siguiente:

"Estimado Fish, me pregunto si podrías dibujarme una tableta de chocolate explosivo. Hemos recibido información de que el enemigo está haciendo pasar tabletas de acero por tabletas de chocolate. Dentro de ellas hay explosivos muy peligrosos. Cuando se rompe una de las onzas de chocolate, aparece un pequeño trozo de tela desgarrado y suena un tictac".

lunes, 2 de julio de 2012

Euro 2012: el recuerdo del "partido de la muerte"


Estadio Start, en Kiev, escenario del "partido de la muerte"
Los "ocupantes" perdieron 5 a 3 frente al combinado local.


El estadio Olímpico de Kiev ha sido una sede adecuada para la final de la Euro 2012 este pasado domingo, pero apenas a un kilómetro y medio de allí, en esta ciudad repleta de hermosas iglesias, hay una cancha mucho más íntima.

El estadio Zenit tiene una grada de concreto hundida donde los bancos de madera inclinan a los espectadores hacia el campo y una tribunal azul, cuya pintura está descascarada.

La clave para este histórico lugar se encuentra sobre las columnas en la entrada al estadio: con las palabras "START". En este pedazo de terreno tuvo lugar, en 1942, uno de los partidos más inusuales.
Muchas personas habrán visto la película "Fuga a la victoria" (Escape to Victory, Estados Unidos, 1981), protagonizada por Michael Caine y Sylvester Stallone. Trata sobre un grupo de prisioneros de guerra que jugaron al fútbol contra sus captores alemanes, sólo para darse cuenta que eran parte de una maniobra de propaganda nazi. 

La inspiración para la cinta vino de un partido disputado en el estadio Zenit en agosto de 1942 en una Kiev ocupada entre un equipo militar alemán, Falkelf, y un conjunto llamado FC Start, compuesto mayormente por jugadores del Dínamo Kiev.

Terminó siendo conocido como "el partido de la muerte" y lo que empezó como una forma para que los alemanes mostraran su superioridad, al final fue distorsionado por el Estado soviético para satisfacer sus propias necesidades bajo el régimen comunista.


Estatua a la entrada del estadio en la que un jugador ucraniano derrota al símbolo del águila del Tercer Reich
Estatua a la entrada del estadio en la que un jugador ucraniano derrota al símbolo del águila del Tercer Reich.

Dos partes

El fútbol y la historia siempre han sido mis pasiones y, particularmente, en esta parte del mundo.
Mi abuelo paterno nació en Ucrania y leí el excelente libro de Andy Dougan sobre lo que ocurrió con ese grupo de jugadores de Kiev durante la ocupación nazi, pero mientras más hurgaba en el pasado, quedaba más claro que la historia que los comunistas promocionaron después de la guerra no era la verdad. Nuestros entrevistados dejaron esto bien claro.
El Museo Nacional de la Historia de la Gran Guerra Patria en Kiev fue construido para celebrar la victoria soviética sobre los nazis. La estatua de la Madre Patria, de 100 metros de altura, impone respeto sobre un museo fascinante: almacena auténticos uniformes alemanes, cascos, armas y un póster original que promocionaba "el partido de la muerte" del 9 de agosto de 1942.
Dos mil quinientas personas, entre soldados y público local, presenciaron el partido en una calurosa tarde. Hablé con Oleg, quien tenía 11 años ese día: me muestra fotografías y recortes del FC Start. Recuerda con orgullo la victoria por 5 a 3 contra los ocupantes, quienes los habían catalogado de "untermenschen" (subhumanos).

Cuatro de los miembros del equipo Start fueron asesinados tiempo después por los nazis. Uno de ellos, Nikolai Korokykh, había sido antes de la guerra un agente de seguridad soviético. Su hija Yevgenia me mostró una fotografía de su padre, un hombre apuesto que fue torturado hasta la muerte.
Tal fue la presión para caer en el cuento comunista tras la guerra que uno de los jugadores que sobrevivió, Mikhail Putistin, aparentemente se convirtió en un alcohólico.
La historia ha sido contada algunas veces, pero en general los cineastas no pusieron en entredicho la versión soviética de los eventos.
Con los ojos del mundo futbolístico puestos en Ucrania, había una oportunidad para acercarse a la verdad.


viernes, 16 de marzo de 2012

Las temidas monjas paracaidistas de Hitler

La reticencia a una nueva guerra por parte de Francia e Inglaterra junto a la bisoñez de sus respectivos primeros ministros, Édouard Daladier y Neville Chamberlain, dejaron el camino expedito para que Hitler ocupase Polonia. Cuando quisieron reaccionar ya era tarde… la maquinaria bélica alemana estaba atacando el frente occidental; cayeron Luxemburgo, Bélgica, los Países Bajos y, finalmente, Francia.

La brutal ofensiva del ejército alemán en el frente iba acompañada de otra ofensiva tras las líneas enemigas. Esta otra ofensiva no era otra que la de socavar la resistencia desde dentro, lo que el General Mola en la Guerra Civil española acuñó como la quinta columna, y para este menester Hitler disponía de un maestro de la propaganda y la confusión… Joseph Goebbels (Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad).

Goebbels puso la maquinaria en marcha emitiendo en onda media desde Colonia, Stuttgart o Leipzig e incluso bajo el nombre de Radio Humanité (como el periódico comunista francés) para que pareciesen emisiones hechas desde Francia por los comunistas. Comenzaron a hacer correr bulos sobre curas y monjas paracaidistas que se infiltraban entre la población, paracaidistas que utilizaban uniformes de color azul cielo que los hacían mimetizarse de tal forma que eran invisibles durante el descenso… A la difusión de este bulo también contribuyeron las declaraciones en París del ministro holandés de Asuntos Exteriores, Van Keffles: miles de paracaidistas alemanes fueron lanzados sobre Holanda y Bélgica vestidos con ropas de curas, monjas o enfermeras. Se dieron casos en los que a grupos de monjas se les ponía en fila e inspeccionaban las manos y la nuez.

Todos sospechaban de todos, los espías se convirtieron en una epidemia. El caos, la histeria, el pánico y la confusión se apoderaron de Francia y más de 10 millones de franceses abandonaron sus hogares huyendo de los alemanes. Aquel éxodo colapso la red de comunicaciones, los suministros y armas no llegaban al frente, los heridos no podían ser trasladados a los centros médicos…

Aquella batalla la había ganado Goebbels.

viernes, 17 de febrero de 2012

Cómo llegaron a Manhattan las consecuencias de la Batalla de Inglaterra

En nuestro habitual recorrido por lo más jugoso de la blogosfera hoy destacamos la curiosa historia de cómo los escombros a los que los bombardeos nazis redujeron la ciudad de Bristol durante la Batalla de Inglaterra en 1940, acabaron convirtiéndose en el suelo de una gran parte de Manhattan.

Según podemos leer en el blog “Rescoldos en la trébede”, esta urbe británica fue una de las más castigadas por la aviación alemana durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Esto se debió a que su puerto era el principal punto de comunicación marítima con los Estados Unidos. En él atracaban la la mayor parte de los cargueros norteamericanos que surtían de material armamentístico y productos de primera necesidad al Reino Unido.

En circunstancias habituales, las mercancías que transportan los cargueros funcionan a modo de lastre, necesario para dotar a estos barcos de estabilidad. En un Reino Unido dedicado por completo a la industria bélica, sin ningún tipo de productos que exportar, los mercantes se veían obligados a buscar algo que les sirviese como lastre en su viaje de regreso a Estados Unidos.

La solución a este problema fue emplear los escombros a los que los bombardeos alemanes habían reducido gran parte de los edificios de la ciudad. Una vez que los barcos llegaban al puerto de Nueva York era necesario deshacerse de los cascotes que habían recorrido más de 5.000 kilómetros en las bodegas de los grandes cargueros.

Las autoridades neoyorquinas decidieron emplear todos estos escombros como tierra de saneamiento para la construcción de nuevas zonas residenciales en Manhattan. Así, estos escombros fueron vertidos en la orilla de East River, entre las calles 23 y 34, lo que ahora conforma la Franklin D. Roosevelt Drive.

En 1942, la ciudad de Nueva York erigió un monumento que recordaba el origen de las piedras utilizadas para construir esa zona de la ciudad, que desde entonces es conocida como La Cuenca de Bristol

martes, 31 de enero de 2012

Una fotografía dos horas antes



23 de febrero de 1945. Cima de Suribachi. Japón. El ejército norteamericano toma la colina a las 10 horas y 20 minutos de la mañana. El teniente Harold G. Schrier lideraba la patrulla y llevaba órdenes de colocar la bandera de su barco de transporte (el USS Missoula) en la cima para que se divisara desde todas las playas cercanas. Pero la bandera era demasiado pequeña. Inmediatamente se ordenó traer una segunda bandera de mayores proporciones…

Y tan solo dos horas después...


Si queréis saber más sobre esta historia, aquí os dejo el enlace a Wikipedia.