miércoles, 28 de julio de 2010

Las mujeres del horror nazi

Recientes investigaciones echan nueva luz sobre la participación femenina en la maquinaria asesina del Tercer Reich y sobre los motivos que llevaron a estas mujeres a avanzar a la primera línea del genocidio Foto: La investigadora, Wendy Lower clic


En medio de los horrores del Holocausto, las atrocidades perpetradas por unas cuantas mujeres brutales siempre han llamado la atención como aberraciones de la naturaleza.

Hubo guardias de campos de concentración como Ilse Koch e Irma Grese, que ganaron notoriedad por su trayectoria. Y asesinas menos conocidas como Erna Petri, esposa de un oficial de las SS y madre de sus hijos, que fue condenada por matar a tiros a seis niños judíos en la Polonia ocupada por los nazis, o Johanna Altvatter Zelle, una secretaria alemana acusada de asesinar niños en el gueto de Volodymyr-Volynskyyu, en la Ucrania ocupada.

Sin duda la máquina asesina nazi estuvo dominada por los hombres. Pero según nuevos estudios, la participación de mujeres alemanas en el genocidio, como perpetradoras, cómplices o testigos pasivas, fue mucho mayor de lo que hasta ahora se pensaba.

La investigadora, Wendy Lower, una historiadora estadounidense que ahora vive en Munich, ha llamado la atención sobre la cantidad de mujeres alemanas aparentemente comunes que fueron voluntariamente a los territorios orientales ocupados por los nazis, como parte del esfuerzo bélico, a zonas donde el genocidio estaba teniendo lugar abiertamente.

"Si dijera que fueron miles sería un estimado conservador", señaló Lower en una entrevista en Jerusalén, días atrás.

Si bien la mayoría de esas mujeres no mancharon sus propias manos de sangre, los actos de aquellas que sí lo hicieron parecen tanto más perversos porque operaron fuera del sistema de campos de concentración, por iniciativa propia.

Los descubrimientos de Lower, afirman los expertos, echan nueva luz sobre el Holocausto desde la perspectiva de género y han destacado aún más la importancia del rol que tuvieron los escalones más bajos del aparato asesino nazi.

"En la literatura dominante sobre perpetradores no se menciona a mujeres", dijo Dan Michman, el historiador jefe de Yad Vashem, el ente dedicado a sostener el recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto en Jerusalén.

Lower, de 45 años, presentó su trabajo por primera vez en el taller del pasado verano boreal del Instituto Internacional del Yad Vashem para Investigaciones sobre el Holocausto. Ha intentado descifrar lo que motivó a estas mujeres a cometer tales crímenes.

"Cuestionan muy profundamente nuestra noción" de lo que constituye el comportamiento femenino normal, observó la investigadora. El sistema nazi, agregó, "puso todo cabeza abajo".

Lower dijo que trabajó muchos años en el Museo Memorial del Holocausto en Washington y ahora está enseñando e investigando en la Ludwig-Maximilians-Universitat, en Munich, Alemania.

Comenzó a viajar a Ucrania a comienzos de la década pasada, cuando se abrieron los archivos soviéticos. Comenzó en Zhytomyr, unos 100 kilómetros al oeste de Kiev, donde el líder de las SS, Heinrich Himmler, tenía su mando en Ucrania. Allí Lower encontró archivos alemanes originales, algunos quemados en los bordes. Advirtió entonces la frecuencia con la que se mencionaba la presencia de mujeres en las escenas del genocidio. También empezaron a aparecer mujeres como testigos en investigaciones de Alemania oriental y occidental después de la guerra.

En un giro atípico de lo que planteaba el recordado libro de Christopher R. Browning de 1992, Hombres Comunes , parece que miles de mujeres alemanas fueron a los territorios orientales para ayudar en la tarea de germanizarlos y para proveer servicios a las poblaciones étnicas alemanas de la región. Entre ellas hubo enfermeras, maestras y trabajadoras de bienestar social.

A las mujeres de familias obreras o campesinas de Alemania, estas zonas ocupadas les ofrecían una oportunidad atractiva de progreso, dijo Lower.

Hubo hasta 5000 guardias mujeres en los campos de concentración, lo que representa alrededor de un 10 por ciento del personal asignado a estos sitios. Grese fue colgada a los 21 años por sus crímenes de guerra, cometidos en Auschwitz y Bergen; Belsen Koch fue condenada por participar en asesinatos en Buchenwald.

Protagonistas del Holocausto

El libro de Browning hizo la crónica del rol del Batallón de Policía de Reserva 101 alemán, que aportó los hombres para la eliminación de la mayoría de los judíos polacos en un año. El libro menciona a una mujer, la joven esposa embarazada de uno de los capitanes del batallón de policía. Había ido a Polonia para una especie de luna de miel y acompañó a su marido a observar cómo era eliminado un gueto.

Solo el uno o dos por ciento de quienes perpetraron los crímenes fueron mujeres, según Lower. Pero en muchos casos donde ocurrían genocidios, había mujeres alemanas muy cerca de la primera línea. Varios testigos han descripto banquetes festivos cerca de lugares de asesinatos masivos en bosques ucranianos, con las mujeres alemanas proveyendo de alimentos y bebida a los asesinos, cuya tarea podía extenderse durante días.

Petri estaba casada con un oficial de las SS que dirigía un establecimiento agrícola, incluidos una gran casa de estilo colonial y trabajadores esclavos, en Galizia, en la Polonia ocupada. Confesó haber asesinado a seis niños judíos, de entre 6 y 12 años. Se encontró con ellos cuando andaba en su carruaje. La mujer era madre de dos niños pequeños y tenía entonces 25 años. Casi desnudos, los niños judíos aparentemente habían escapado de un vagón ferroviario que iba al campo de Sobibor. Los llevó a su casa, les dio de comer, luego los llevó al bosque y los mató uno por uno.

A sus interrogadores les dijo que en parte lo había hecho porque quería mostrarle a los hombres de lo que era capaz. Fue juzgada en Alemania oriental y cumplió cadena perpetua.

Altvater Zelle fue a Ucrania siendo una joven soltera de 22 años y se convirtió en secretaria de un comisario de distrito, Wilhelm Westerheide. Sobrevivientes la recordaron como la notoria Fräulein Hanna y la acusaron, entre otras cosas, de aplastar la cabeza de un bebé contra un muro del gueto y de arrojar niños a su muerte desde la ventana de un hospital improvisado.

De regreso en Alemania, Altvater Zelle se casó, se convirtió en trabajadora del servicio de bienestar social para los jóvenes en su ciudad natal, Minden, y adoptó un hijo.

En la región del comisario Westerheide fueron eliminados unos 20.000 judíos. Junto con su leal secretaria fue juzgado dos veces en Alemania occidental, a fines de la década de 1970 y a comienzos de la de 1980. Fueron absueltos ambas veces por contradicciones que surgieron en los testimonios de testigos obtenidos a lo largo de 20 años, le dijo a Lower el fiscal encargado de la causa.

Un sobreviviente, Moses Messer, dijo que vio a la mujer que conocía como Fräulein Hanna aplastando la cabeza de un bebé contra un muro. Dijo a abogados en Haifa, Israel, a comienzos de la década de 1960: "Nunca vi tal sadismo en una mujer. Nunca olvidaré esta escena".

9 comentarios :

  1. Interesante, la verdad es que no estaba al tanto de cantidades, ni nada por el estilo, pero pude leer o ver en algún documental historia de mujeres nazis asesinas. La historiai de esa mujer que tenia el pelo muy largo y lo usaba para estrangular a los niñós se me quedó grabada.

    Buen blog y buenos contenidos.

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