lunes, 9 de mayo de 2016

La historia del Tesoro de Yamashita, el botín de guerra japonés en la Segunda Guerra Mundial



Al igual que los nazis en Europa, los japoneses no se quedaron cortos en el saqueo de obras de arte, joyas y documentos históricos en todas las zonas que llegaron a controlar en el Sudeste Asiático durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos de esos objetos nunca fueron recuperados, lo que dio pie al surgimiento de la teoría del Tesoro de Yamashita.

El Tesoro de Yamashita (también conocido como el Oro de Yamashita) es como se denomina al supuesto botín de guerra escondido por el general Tomoyuki Yamashita (apodado el Tigre de Malasia) en cuevas, túneles y complejos subterráneos de Filipinas. Esta creencia llevó durante más de cincuenta años a innumerables buscadores de tesoros a investigar sin descanso. No obstante, su existencia es negada por la mayoría de historiadores.

Entre los que sí defienden su existencia están Sterling y Peggy Seagrave, que publicaron el libro Los guerreros del oro: el tesoro de Yamashita y la financiación de la Guerra Fría, implicando en la trama de pillaje a la Yakuza y al emperador Hirohito. Este habría puesto al frente de la operación a su propio hermano, el príncipe Yasuhito Chichibu, jefe de la organización secreta Kin no yuri.

Lamentablemente todos los que supuestamente podían conocer el paradero del tesoro murieron durante la guerra, o fueron posteriormente juzgados por crímenes de guerra y ejecutados. El propio Yamashita fue ajusticiado el 23 de febrero de 1946 por el ejército norteamericano.








Se cree que el botín se fue concentrando en Singapur mientras duró el conflicto armado, siendo trasladado cerca del final de éste a Filipinas. El objetivo final era trasladarlo a Japón una vez que la guerra terminase. Los Seagrave piensan que muchos de los barcos hundidos por los estadounidenses en las cercanías de Filipinas en los últimos momentos de la guerra podían ir cargados con partes del tesoro.



Otros historiadores opinan que no tiene mucha lógica que los japoneses trasladasen el tesoro a Filipinas en una fecha tan tardía como 1943, cuando ya no tenían el control marítimo. Lo más acertado hubiera sido esconderlo en Taiwan o China, por ejemplo.

En marzo de 1988 un buscador de tesoros filipino llamado Rogelio Roxas interpuso una demanda judicial contra el expresidente Ferdinand Marcos y su esposa Imelda, en un juzgado de Hawai. Afirmaba haber encontrado en 1961 al hijo de un soldado japonés que le habría proporcionado un mapa con la localización del tesoro. Incluso habría conseguido contactar con uno de los interpretes de Yamashita durante la guerra, quien le habría confirmado la situación del botín.

Roxas afirmó haber descubierto de ese modo una cámara subterránea cerca de la ciudad de Baguio, donde halló bayonetas, trajes de samurái, radios, y los restos de un soldado japonés. Además había una estatua de oro de Buddha, de casi un metro de altura, y numerosas cajas con lingotes de oro. Se llevó el Buddha y 24 lingotes, sellando la cámara hasta que pudiera regresar a por el resto.

Fue entonces cuando, según él, fue secuestrado por orden del presidente Marcos, quien se habría quedado con el oro, y encarcelado durante un año.

Roxas murió en 1993 sin que hubiera finalizado el juicio. Sin embargo en 2006 la Novena Corte de Apelación de los Estados Unidos terminó por darle la razón en su litigio, ahora contra Imelda Marcos, como heredera de Ferdinand. En la sentencia la corte afirmaba explicitamente que existían pruebas concluyentes de que Roxas había encontrado una parte del tesoro de Yamashita, aunque no podía establecer el valor total de lo hallado.

Extrañamente la localización exacta de las cuevas descubiertas por Roxas nunca trascendió. Sus descendientes crearon una empresa llamada Golden Buddha Corporation.

Actualmente la Oficina del Departamento de Recursos Naturales de Filipinas sigue concendiendo anualmente permisos a los buscadores que continúan persiguiendo el tesoro.

Vía| La Brújula Verde

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