martes, 28 de diciembre de 2010

¿Quién incendió el Reichstag?

Las llamas que destruyeron el Parlamento alemán en 1933 fueron el pretexto perfecto que Adolf Hitler y Hermman Goering necesitaron para alarmar a la población y así facilitar la llegada de los nazis al poder. El atentado fue atribuido a comunistas que, aparentemente, intentaban desatar una revolución en Berlín. Sin embargo, algunos historiadores sostienen que fueron los propios nazis quienes instigaron el fuego.

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El incendio del Reichstag allanó el camino de Hitler y los nazis al poder absoluto.

La noche del 27 de febrero de 1933 fue un punto de inflexión para la historia de Alemania. Ese día, el Reichstag, edificio del Parlamento alemán, fue víctima de un incendio intencional. El hecho tendría consecuencias radicales, ya que esto le permitió a Hitler obtener lo que buscaba hacía tiempo: quedarse con todo el poder.


Un año después sería ejecutado el holandés Marinus van der Luve, comunista acusado de ser el único autor del terrible incendio. Su motivo, según dijeron los nazis, era comenzar una revolución; sin embargo, muchos historiadores todavía no se ponen de acuerdo sobre si Luve fue realmente el autor del hecho o si éste fue instigado por los secuaces de Hitler, ya que los nazis fueron, al fin de cuentas, los grandes beneficiados luego del atentado.

HITLER, EN BUSCA DEL TOTALITARISMO

Las causas que llevan a los investigadores a dudar sobre la autoría del holandés son varias. Las sospechas sobre la “versión oficial" surgen cuando uno sigue la línea de sucesos que, luego del incidente, terminó coronando al partido de Hitler hacia el poder absoluto. Con la destrucción del Parlamento los nazis lograron todo, y los comunistas nada.

El mismo año del atentado, Hitler había sido nombrado canciller luego de las elecciones parlamentarias del '32. Su ambición para quedarse con el poder lo llevó rápidamente a tomar una serie de medidas destinadas a aumentar la participación de su partido en el gobierno. Así, presionó al presidente de Alemania -el octogenario Paul von Hindenburg- para que convocara nuevas elecciones, las cuales se fijaron para el 5 de marzo.

Hitler necesitaba tener la mayoría de representantes en el Parlamento (en ese momento sólo controlaba al 32%) para poder acceder a la “Ley Habilitante”, una especie de superpoder que le otorgaba la Constitución al Canciller dándole el poder de decretar lo que quisiese sin consultar al Reichstag. Esa Ley Habilitante le daría a Hitler todo el poder que necesitaba para instalar un sistema totalitario.

Una semana antes de las elecciones, en un hecho que los propios nazis tomaron como una “coincidencia”, el Reichstag fue devorado por las llamas.

EL COMIENZO DEL TERROR

Adolf Hitler y Hermman Goering llegaron rápidamente al lugar. Allí la policía encontró a Marinus van der Luve, lo que llevó a Goering a gritar que los comunistas estaban planeando una revolución, inyectándole miedo a la población. Aprovechando el estado de pánico, al día siguiente Hitler incitó al marchito presidente a efectivizar el “Decreto del incendio del Reichstag”, mediante el cual se suprimieron varias garantías constitucionales, tales como el derecho a la libertad de expresión, de prensa, y el derecho individual, entre otros. A su vez, le permitió a los oficiales nazis confiscar bienes o registrar domicilios a su antojo.

Ese decreto fue el inicio de la maquinaria nazi, y una herida mortal para la democracia alemana. Cientos de comunistas fueron perseguidos y apresados, al mismo tiempo que el partido nazi convencía a la población que eso era necesario para evitar una insurrección; dicho de otra manera, Joseph Goebbels había activado el oscuro aparato de propaganda nazi.

El 5 de marzo de 1933, como había sido planeado, se llevaron a cabo las últimas elecciones democráticas. Hitler obtuvo el 44% de las bancas, lo que significaba que después de tanta propaganda todavía no conseguía el porcentaje que necesitaba para acceder a la Ley Habilitante. Pero, como era de esperarse, no se quedó quieto y utilizó el Decreto del Incendio para apresar a todos los diputados opositores comunistas. Así, Hitler eliminó a la competencia, obtuvo el porcentaje que necesitaba, y se quedó con el poder absoluto.

EL FINAL DE LA DEMOCRACIA ALEMANA

El 23 de marzo se aprobó la Ley Habilitante de 1933. Ahora Hitler, como canciller, detentaba todos los poderes del Legislativo, más la capacidad de decretar todas las leyes que quisiera. De esta manera, el futuro dictador dejó de depender del Parlamento y se libró de cualquier contrapeso que pudiese llegar a impedir su avance de poder.

Vemos que fue muy clara la forma en la cual Hitler y sus seguidores se beneficiaron con el incendio del Reichstag. Empero, los defensores del sistema nazi aluden que ese “beneficio” no implica que ellos mismos hayan sido los que ocasionaron el siniestro, sobre todo porque el holandés se declaró culpable del hecho. Pero varias investigaciones recientes determinaron que semejante incendio no pudo ser provocado por una sola persona; otros -rotundos opositores de la “version oficial”- aseguran que los propios nazis fueron los que prepararon el fuego, para luego obligar a Luve a “prender la mecha”. También descubrieron una lista con los nombres de los partidarios comunistas que debían ser detenidos, lista que fue redactada y entregada a la policía horas antes del incendio.

Todo lleva a pensar que el incendio del Parlamento fue una maniobra nazi, pero hoy en día las evidencias no son tan determinantes como para llegar a una conclusion definitiva. Lo que sí dejaron muy en claro las llamas del Reichstag fue que ese hecho significó el preludio del terror nazi en el mundo.

1 comentario :

  1. La misma pregunta vale para la Roma de Nerón. ¿Quién prendió fuego?
    Un saludo.

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